Un juego, dos bandos: Indecisos y Controladores.
Soraya está atrapada en su peor época. La muerte de sus padres, la frialdad de su hermana, la sobreprotección de su cuñado, un vecino que la esquiva, un fotógrafo que no la deja tranquila... y una deu...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
*CAPÍTULO NOVENTA Y DOS*
**DANTE RAVENMOON**
Lugar desconocido. En algún punto del globo terráqueo.
No seré el capullo que diga que, nada más bajar del todoterreno y poner un pie en tierra sagrada, la adrenalina me ahoga. No. No lo diré, porque la cargo dentro desde que vi la luna azul.
Me he preparado para ganar, y esta vez lo lograré. Soy plenamente consciente de ello. Lo fui desde el momento en que perdí.
Angelo confía en mí. Siempre lo ha hecho, igual que confió en mi padre.
El rey nos eligió a nosotros. Sin embargo, mientras mi padre vivía, lo único que deseaba el último nigromante era paz: la paz de Enzo y la suya.
Nunca quiso intervenir con la manada ni con ninguna otra especie, pero cuando las circunstancias lo empujaron, cuando no tuvo otra opción que pedir ayuda... se presentó postrado.
Mi padre cumplió ambas peticiones. Mi abuela también. Y yo continúo haciéndolo.
Ocultamos su identidad y sigo haciéndolo. Siempre lo haré.
Él marcaba la diferencia. Aún la marca. Pero el hombre soñador que conocí aquel día murió hace veintitrés años, y hoy solo vive —entre copas— por su hija. Mientras yo sigo apostando por él.
Voy a ganar.
Ganaremos.
Observo la entrada de la estructura que se abre paso bajo tierra, hundiéndose en ella hasta formar un coliseo subterráneo.
Fue creado para los nigromantes, al igual que el torneo y la figura del Alfa Supremo. Para ellos, era la elección del nuevo jefe de su guardia; para nosotros, hoy, es una tradición. Una que ningún alfa se atreve a pisotear, aun conociendo la verdad.
La mayoría de las tradiciones nacen de historias desgarradoras. Esta no es una excepción.
Otro secreto más para quienes callamos.
—Es la última oportunidad. Llámalo —insiste Romano.
Mis acompañantes son Nicolás y él: el segundo y el tercero. Aunque toda mi manada querría estar aquí, somos demasiados. Entre los alfas de cada país y un par de apoyos, el espacio se vuelve ridículo.
—Considéralo.
Sé perfectamente a quién quiere que llame y por qué lleva insistiendo desde antes de salir del pueblo: a Gunther. Quedamos mal en Bruselas. No esperaba menos después de que insultara a Soraya, pero era mi obligación hacerlo para no despertar sospechas en la manada.