Un juego, dos bandos: Indecisos y Controladores.
Soraya está atrapada en su peor época. La muerte de sus padres, la frialdad de su hermana, la sobreprotección de su cuñado, un vecino que la esquiva, un fotógrafo que no la deja tranquila... y una deu...
Maldigo la vía que me estorba y se me clava tras un levantamiento brusco, de esos que hacen doler varias partes del cuerpo. Aunque no tanto como el dolor que sentí al ser arrancada del mayor deseo que he tenido jamás.
¿Y ahora?
¿Dónde está ella?
Aquí, en el dormitorio, no. Desde luego. Solo están Odas y el doctor, con cara de ogro, soltando no sé qué mamadas. Que siga hablando. Lo único que me importa es regresar a mi máximo momento de felicidad, el único que he tenido... justo cuando creí que iba a saborear la joya roja.
Volveremos a encontrarnos. En esta o en otra vida, pero nuestra unión se producirá por juramento. Quien se interponga se convertirá en mi enemigo. Del mismo color que ella me teñiré si es necesario.
Dirijo la mano hacia la vía cuando el primer obstáculo, en formato tío cañón, se interpone prácticamente sobre mí.
Huele a testosterona, a macho peludo, a jamón ibérico sobre una tostada follada por un tomate recién cogido de la huerta más preciada de la costa mediterránea. Con aceite de oliva virgen extra, tan virgen como yo cada vez que aparece el empotrador.
De postre quiero manzana.
Quiero echar un polvo en un manzanal.
Nueva meta desbloqueada.
El doctor insiste en mantenerse encima de mí, su enorme mano sobre la mía impidiendo que me quite la vía. Su semblante serio hace que mis hormonas chorrean sin pudor.
Tan cerca, con los labios a punto de rozar los míos, embaucada por su mirada, me confieso amante del verde de sus ojos, que recuerdan a las hojas de un manzano. Además, sus labios gruesos tienen la tonalidad exacta de la fruta.
Contraigo los míos, recortando el espacio.
Antes de averiguar si su comisura sabe a manzana, retira la mano del agarre y la usa para cubrirme la boca. Su expresión no varía ni un centímetro.
Odas chilla y agita las alas.
—Preciosa, no eres mi tipo —confiesa, firme.
—Auch, qué malo.
—Y yo no me parezco al tuyo. —Sale de la cama—. No te quites la vía y reposa, aún te queda por recuperarte. Avisaré a Hugo. Derek tuvo que irse por un asunto urgente. Tienes el móvil a la derecha por si quieres llamarlo. ¿Necesitas algo para cuando regrese?