*026 - NOCHEBUENA CON DEMENTES*

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*CAPÍTULO VEINTISÉIS*

**SORAYA AGUILAR**


El amor fluye a través de los cascos en forma de notas musicales, como si intentara lavar mi cerebro para que ame al dichoso monstruo: el mismo que hackeó mi cuenta de Spotify para añadir una playlist.

Desde el día en que confesó su fechoría, no me había atrevido a abrir esa lista. Y ahora, mi cabeza está dividida en dos bandos: el malo y el bueno. Por un lado, cometió una ilegalidad invadiendo mi cuenta sin avisar; por el otro, lo hizo para dedicarme cuarenta y cuatro canciones románticas. Está mal, pero... me gusta.

¿Estoy bien?

Claro que no. Que su lado más siniestro esté de vacaciones me tiene atontada, porque su amabilidad, sus atenciones y sus sonrisas suaves me hacen sentir un malestar en el corazón. Pero no puedo permitirme enamorarme, no ahora, no cuando es hombre que me lastimó y me aterra.

Además, no puedo olvidar que soy la suplente de un amor perdido. Y si alguna vez lo amara, jamás sería correspondida de forma sana, porque su amor estaría siempre atado a su mujer del pasado, en un ciclo tóxico que acabaría en locuras y dolor.

¿A qué hora vendrás?

Leo el mensaje que acabo de recibir. Dejo caer el móvil sobre mi pecho y cierro los ojos, tumbada en la cama, mientras dejo que las canciones me envuelvan. El mundo se vuelve un paraíso rosa, lleno de príncipes y princesas, de grandes amores... hasta que su grave voz interrumpe y me eriza la piel.

—Amore, no me dejes en visto.

—Deja de hackearme.

—¿Por qué? Es fácil y efectivo.

Levanto la pantalla para verlo. Durante estos días de ausencia, se ha dejado crecer la barba y eso realza su atractivo natural.

—Sé que debería tener miedo, pero no lo tengo.

—Eres valiente cuando estoy lejos —sonríe con los labios cerrados—. Claro que a mí no me apetece tener una relación a distancia.

—No soy tu novia.

—Somos algo mejor. Eres mi mujer y yo tu hombre —ruedo los ojos, negando, pero él sigue feliz—. Acéptalo, a las buenas o a las malas, no estaré eternamente de vacaciones.

—¿Con cuál versión hablo? ¿El ángel o el demonio?

—No existe el ángel, Bird. En todas mis versiones soy un criminal, con las manos manchadas de sangre, y en ninguna me arrepiento —trago hondo, sintiendo el peso de sus palabras a través de los cascos—. Pero no debes tener miedo. No te lastimaré.

—Quizás esta versión no, pero... —llevo la mano al cuello, incapaz de terminar la frase.

—No volverá a suceder.

TERMINADO | CONTROLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora