Un juego, dos bandos: Indecisos y Controladores.
Soraya está atrapada en su peor época. La muerte de sus padres, la frialdad de su hermana, la sobreprotección de su cuñado, un vecino que la esquiva, un fotógrafo que no la deja tranquila... y una deu...
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*CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO*
**DEREK SALVATORE**
*CATORCE AÑOS ATRÁS*
**13 DE NOVIEMBRE 2009**
El profesor reparte los exámenes corregidos a todos los alumnos, ubicados al lado opuesto al mío. Las mesas están unidas, hacen todo lo posible por mantener la mayor distancia conmigo.
Inicia el nuevo temario sin entregarme el mío. Se centra en los demás como si yo fuera un fantasma; no es el único docente que actúa así, en todas las asignaturas sufro lo mismo: soy invisible. Siempre ha sido así desde que tengo memoria.
Si insisto en soportar esto es por Máximo. Él cree en mí, y yo creo en sus creencias. Sin embargo, desde que se fue a estudiar a una de las universidades más prestigiosas de Canadá, los días se vuelven una condena. Quiero desaparecer.
Apunto los conceptos que no entiendo del profesor y levanto la mano para preguntar, pero no obtengo respuesta. Nadie se detendrá por mí. Nunca tendré la oportunidad de hablar y demostrar que no soy alguien temible. Existo, pero la sociedad no quiere que lo haga.
Suena la sirena del descanso. Todos recogen sus cosas como si estuvieran en cuenta regresiva para una explosión y salen disparados, aunque podrían ir más despacio; yo me mantendría quieto para no perturbarlos.
Voy a por mi examen. Otro diez. Máxima calificación en todas las asignaturas, excepto en historia. No consigo retener los nombres de los grandes supuestos héroes del pasado, así que con mucho esfuerzo apenas alcanzo un cinco. Aún así, cuando llega la hora de la verdad, me regalan un diez por miedo. Tengo que autocorregirme.
Voy al patio, con el camino despejado. Termino sentado en el mismo banco odioso de siempre, a una distancia prudente de los estudiantes que juegan al fútbol, mientras descubro el desayuno que Nana preparó junto a su mensaje.
"Sonríe. Tu sonrisa está oculta, pero cuando la encuentres, serás capaz de iluminar las tinieblas que te acosan."
No quiero sonreír. Quiero llorar. Pero las lágrimas no sirven de nada.
Terminando de comer, repaso la siguiente materia: biología. La pelota que juegan los chicos cae a mi lado. Uno de ellos intenta recuperarla, pero al verme se paraliza. Me agacho y la lanzo de vuelta, pero al volver a mirar, todos han huido. Lo único que puedo hacer es recoger mis cosas, dejando la pelota en el centro de la pista.
El día no cambia.
Al salir del instituto, el chófer me espera con miedo, sujetando la puerta del Alfa abierto. Lo ignoro y me voy caminando solo. Hoy no es uno de esos días en que me apetezca llegar pronto y encerrarme; siendo mi cumpleaños, me esperan una fila de chicas desnudas, arrodilladas, que aparentan intenciones de sexo. Nunca las toco, pero les pido que finjan, porque nadie quiere enfadar a Enzo. Como si no fuera suficiente, mi cumpleaños ya es conflictivo por sí mismo: es un recordatorio de que la primera persona que me rechazó fue mi madre. Se quitó la vida al dándome a luz.