*013 - ENCUENTROS*

25.8K 2.1K 1.1K
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


*CAPÍTULO TRECE*

**DEREK SALVATORE**


TRES AÑOS ATRÁS

FINALES DE NOVIEMBRE 2020


Vivir es complicado. Mi mayor enemigo es la vida. Irónicamente, sigo vivo. O, mejor dicho, ahora estoy concentrado en eso: en vivir. Una novedad, considerando que antes de mi último cumpleaños apenas existía. Antes de ese día, me aferraba a una rutina construida con esfuerzo: rendido ante los caprichos sociales, triunfando laboralmente, pero aún viviendo en casa de mi progenitor.

Me daba igual convivir con Enzo, aunque sea un viejo repulsivo sin una sola aptitud paternal. La mansión —una versión moderna de un castillo— es tan enorme que a veces ni lo veía... al igual que a Damián y Giovanni.

Pero después de esa maldita celebración, cuando regresé al amanecer, supe que tenía que irme.

Los Salvatore somos una familia de maldiciones y malas decisiones. Yo necesitaba romper ese ciclo oscuro.

Elegí informática. Fundé mi empresa. Un acto rebelde. Más aún considerando que soy el sucesor de Enzo. Pero no fue suficiente. Nunca lo es.

Hasta que apareció la hija del demonio para cagarse sobre mi existencia.

Al grano: me mudé. Dejé la mansión del viejo y me fui a vivir con mi hermano mayor. Fue tan repentino que solo me llevé lo básico. Por eso vuelvo hoy, para recoger lo que dejé atrás. Aprovechando que Enzo está fuera.

La casa me recibe con ese silencio fúnebre que le queda tan bien, sin rastro de cucarachas en el camino a mi habitación. Encuentro a Giovanni sobre la cama, ridiculizado con peluca rosa y un vestido pastel. Juega a las muñecas como una niña de cinco años.

—Hermanito —saluda. Lo ignoro.

Odio más a los parásitos mentales que lo habitan que a cualquier plaga. Gracias a ellos, perdí a mi hermano.

Dirijo la vista a las cajas en la esquina. Hablé con Nana para que preparara mis cosas. Quiso que me las enviaran para evitar escenas incómodas. Me negué. No quería que las cucarachas tocaran mis pertenencias. Preferí esperar a que Enzo desapareciera.

Cargo el todoterreno bajo la atención de Giovanni. Me sigue en cada viaje al coche, arreglándose el vestido y apretando una muñeca contra el pecho.

Y si eso no fuera suficiente, descubro a Damián tras una columna. Tiembla, incapaz de mostrarme la cara. La cobardía le corre por la piel.

—Esfúmate —le digo. Y huye.

Lo más trágico de los villanos no es su final, sino su existencia. Y yo soy uno. Por culpa de mi sangre.

TERMINADO | CONTROLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora