*049 - SPARK*

21.2K 1.4K 1.9K
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


*CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE*

**DEREK SALVATORE**



Hago la cena mientras Alessandro y Soraya hacen los deberes en el salón. Mi mujer los encuentra fáciles —no esperaba menos—, sin embargo, mi hermano no deja de quejarse. Incluso llega a llamarse inútil, cosa que me harta y me obliga a bajar el fuego para intervenir:

—¿Me dejas ayudar?

—No creo que tu ayuda sirva —responde derrotista, y me reprimo las ganas de contestarle con un puñetazo.

—Por favor.

Ambos me miran. Mi mujer se acerca a él y le dice algo al oído que arranca la carcajada de Alessandro. Me alegro de oírlo reír, pero detesto los secretitos. Soraya me hace la misma mierda que yo hago, solo que yo lo hago para proteger a los míos, y ella simplemente para tocarme las pelotas.

—¿Sería posible saber de qué va vuestro secreto?

—No es nada —dice Soraya, agitando la mano.

Nada no será cuando le castigue el trasero.

—¿Segura?

—Dice que eres un pésimo actor —Alessandro la traiciona, para sorpresa de Soraya. Debería decir que lo lamento, pero no lo hago. Es ella quien se apropia de mis hermanos sin permiso —. De insípido y estreñido ya tiene a Máximo, no necesita a otro estirado. Y, por cierto, tiene razón: das pena.

—¿Te ayudo o no? —le arrebato el ejercicio de matemáticas que estaba intentando resolver y finjo un profundo lamento, exagerando—. Eres una desgracia.

—Intento dar lo mejor, bozzolo.

Armado de paciencia, le explico lo que tiene que hacer. Aun cuando se queja y tarda en leer el siguiente problema, demuestra que entiende más de lo que cree. Nunca me he equivocado al decir que es inteligente; lo único que necesitaba era una oportunidad.

A Soraya también le aclaro un par de dudas.

Al final, ambos califican mis dotes de profesor como brillantes, asegurando que podría dejar la mafia y dedicarme a enseñar. Ya sabía que era un genio. Pero este profesor solo da clase a los suyos.

Al finalizar la cena, y con Alessandro huyendo a su habitación, Soraya me invita a pasar la noche. No lo hace por mí, sino por él. Tenemos la misma prioridad, así que no me quejo.

Soraya duerme, babosa, sobre mi pectoral descubierto. Juego con su cabello cuando los gritos comienzan. Ella se revuelve, privada de sueño, pero no la dejo ir. Le digo que es mi turno, que esto es cosa de los dos, y que merece descansar.

TERMINADO | CONTROLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora