Un juego, dos bandos: Indecisos y Controladores.
Soraya está atrapada en su peor época. La muerte de sus padres, la frialdad de su hermana, la sobreprotección de su cuñado, un vecino que la esquiva, un fotógrafo que no la deja tranquila... y una deu...
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*CAPÍTULO NOVENTA*
**ANGELO SANTORO**
Despierto con un jadeo entrecortado, como si el aire se negara a llenar mis pulmones. El pecho me arde; un dolor profundo que maldigo, con el rostro de su autor grabado con absoluta nitidez.
Cuando le dije que seguramente tendría que herirme, no esperaba que lo hiciera con tanta pasión. De haberme tenido un poco más de amor, no habría caído inconsciente durante lo que deduzco fue una semana, —a juzgar por las flores negras y azules que ya empiezan a marchitarse.
Tampoco tendría que soportar el olor del aire estéril, el sonido rítmico del monitor ni la puta vía que me gustaría clavarle al imbécil que la colocó en mi brazo. Por las marcas de varios pinchazos, deduzco que fue un novato. Aunque nada se compara con el vacío que siento en el cuello.
Me han quitado la bufanda y el anillo. Podría tolerar —muy ligeramente— lo primero, pero que un ser viviente toque la joya, incluso un muerto, es algo que no me agrada tener que soportar.
A falta de un fantasma, enfoco mi atención en la chica que duerme ocupando la silla de visitantes, la única que esperaba: Nicoletta.
Ella es quien ha traído las flores. Y estoy seguro de que ha estado aquí todos estos días.
Nicoletta nació con el corazón de mi hermana, Sasha.
Santas para un mundo plagado de hijos de puta.
Mi bufanda envuelve sus manos, y espero que también sea ella quien tenga el anillo. A ella se lo podría dejar pasar.
—Nicoletta —no reacciona.
Doy una palmada al aire y responde con un ronquido parecido al de un lechón.
Está exhausta, y es normal. Trabaja en ORION, estudia a escondidas y todavía debe soportar a nuestra cagable familia. Al menos le queda el tío más genial de todos los tiempos.
—Nicoletta —insisto.
Que no se diga que no agoté primero el camino de la diplomacia.
Agarro la almohada, afino la puntería y lanzo. En pleno trayecto, la puerta se abre y el impacto da de lleno en la cara de Lorenzo. Esto debería puntuar cuatro puntos. E incluir un: gracias por la mejoría.
—Si has terminado de dormir, incorpórate a las filas y deja de jugar —dice —Perdiste a cincuenta soldados.
—¿Soy el único que sobrevivió?
—¿Tu oído se vio afectado en el ataque?
—Solo quiero un sí o un no. Eran mis hombres —expreso con molestia —Se les veía muy vivos. Con planes de futuro. Espero que respetes cada una de las vidas que se perdieron en el campo de batalla. No merecen menos.