*099 - DIOS*

3.5K 296 244
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


*CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE*

**DAMIÁN SALVATORE**


¿Qué clase de hombre soy? ¿De esposo?

Me sentí horrible cuando ella me confesó cómo se sentía, que no se creía amada —aunque no fueran esas sus palabras—, como si ella solo fuera un placebo, porque Soraya era mujer de otro. Fue doloroso escuchar eso, y quise demostrarle lo contrario, rogarle una oportunidad para enmendar el error, pero nada supera el dolor que me atraviesa ahora.

¿Cómo he podido perderla así?

Amaba a Samiya. La amaba, y la amaré siempre. Y, sin embargo, algo debí hacer terriblemente mal para que llegara a cuestionar un amor tan grande.

Todo con ella fue precipitado, lo sé. Pero tras dejar su país no tardé en regresar, porque el viaje, de repente, se volvió incoherente, insípido. Me faltaba ella: la chica salvaje, la que irrumpía con violencia en mi vida día tras día, hasta que sus ataques se transformaron en palabras... y entonces quise más. Mucho más de lo que un hombre puede desear de una mujer que apenas conoce.

Fue un error aceptar cuando su padre me la ofreció, y peor aún hacerlo sin escuchar su voz. Yo había vuelto por ella, y si me lo ponían tan fácil, no sería yo quien lo complicaría.

Por fortuna, ella me amaba. De no ser así, la habría conquistado. Pero hasta casi el final arrastró la idea de que me casé por obligación. Nunca vi las señales: para mí era evidente que me casaba por amor, pero ella pensó otra cosa.

Si en aquel entonces le hubiera dejado claras mis intenciones, quizá jamás me habría casado con nadie más. Tal vez habría sido más posesiva, como mis cuñadas, y no habría tolerado mi naturaleza, la misma que me llevó a unir mi vida con Liang y Kora, y tener un noviazgo con Daniela.

Vincenzo tuvo un centenar de esposas, no amadas, sino conquistadas. Pero yo no soy él. Y si Samiya me hubiera puesto un freno, habría desafiado mi propia leyenda con tal de complacerla.




El jet inicia el descenso sobre Namibia, las tierras desérticas donde nació y creció mi esposa, y donde descansará. Hermosa desde los aires, con sus dunas doradas y rojizas que se intensifican con el sol del amanecer.

Una vez en pista, Shilamba me recibe. Es un local que conocí mientras construía una escuela; mi viaje no se limitaba solo a dar la vuelta al mundo, sino que en cada lugar dejaba una señal —mejorando el jardín—. Aunque la de aquí se ha expandido después de que fundara mi organización sin fines de lucro, y Shilamba es el responsable de que todo funcione correctamente.

TERMINADO | CONTROLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora