Capítulo 45

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La habitación en la que estaba encerrado era muy oscura. Sin ventanas y sin un solo sonido más allá del ligero zumbido en sus oídos ¿Dónde estaba? No importaba cuánto trataba de mirar alrededor, cuánto trataba de que su vista se agudizara ni siquiera un miserable haz de luz se filtraba por debajo de la puerta, no había nada, no había nadie y era tan tranquilo que no había manera de que una persona sensata no sintiera inquietud.

— Me duele la nuca...— se frotó y murmuró mientras caminaba, tocando la fría pared con los dedos.

Estos secuestradores eran muy buenos, solamente había pasado un segundo desde que tuvo la ligera impresión de que podría haber algo mal y, cuando entendió eso, ya había sido arrastrado hacia un auto en movimiento y llevado a quien sabría dónde. Ni siquiera había sido capaz de mirar sus caras porque se aseguraron de cubrirle la cabeza con una bolsa con un olor muy extraño. Toda una locura.

Estaba seguro de que nunca estaba completamente solo. Su hermana era un poquito paranoica desde que lo atacaron una vez y sabía que no estaría tranquila si no dejaba al menos a una persona para vigilar fuera. Uno contra quien sabe cuántos quizá era una locura, no estaba resentido porque no lo hubiera ayudado porque él mismo Kuroo fue tomado por sorpresa, pero al menos debería haber avisado a la familia ¿No?

— En poco tiempo...tal vez vengan ¿No?

Los escoltas de su compañía eran muy eficientes después de todo, así que debería ser solo cuestión de tiempo antes de que ellos lo encontrar. Debería ser pan comido si el padre de Kenma se metía con las cámaras se seguridad pública y seguía la dirección del auto. Estaba bien ¿No? Nadie lo había golpeado hasta ahora por lo que podría descartar que se tratara de algún loco ¿Estaban pidiendo un rescate ahora? ¿Cuántas personas eran? No pudo adivinar ya que nadie dijo una sola palabra desde que lo subieron a este auto y sus pisadas no le decían mucho.

Incluso lo arrojaron aquí tan pronto como el auto se detuvo para evitar que siguiera adivinado, no parecían tan tontos.

— Kei...— susurró, suspiró y apretó la mano en un puño.

No quería que se preocupara. Solo había salido un momento mientras se estaba dando una ducha porqué quería darle una sorpresa bonita, comprar flores para que sonriera. Lo había notado incómodo antes y pensó que sería romántico de su parte esparcir unos cuantos pétalos sobre la cama, poner música suave, bailar juntos, beber una copa de vino y susurrarse algunos secretos después de estar juntos, pero ¿Por qué nada le salía bien?

Estaba intentándolo con todo su corazón, así que no entendía porque siempre terminaba así cuánto más importante era para él ¿Por qué? ¿Este mundo estaba tan celoso de que tuviera la atención de alguien tan precioso y amado como Kei? ¿Creía que no era digno? Que vil, que molesto, pero si se detenía solo por esto...

Crujió. Parecía ser la puerta que se abrió con un chillido muy feo. Kuroo entrecerró los ojos a la luz intensa que se derramó como una ola violenta y no tuvo más remedio que cubrirse apretar los párpados, privándole de la oportunidad de identificar el rostro de su atacante.

— Vienes conmigo.

¿A dónde? Agitó la cabeza, el hombre ya no estaba frente a él pues se trasladó detrás, empujándole la espalda e instándole a avanzar ¿Debería preguntar?

Se humedeció los labios. Sería mejor que no actuara imprudentemente antes de que entendiera cuál era exactamente su situación, por lo que avanzó obedientemente por un estrecho pasillo sin ventanas. Paredes grises, parecía metal, debajo había una alfombra que amortiguaba sus pasos y al frente una fila de largas escaleras que lo introdujeron directamente a un elevador.

Be Mine, Dear  [Omegaverse]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora