Durante los meses siguientes me relacioné con varias personas de la reserva y poco a pocoaprendí la lengua de los inuit. Vivía en casa del padre de Gabriel. Dormía en la recámara de suhijo y disfrutaba de la radio que él le había comprado para festejar su regreso. Después de losdieciséis años cumplidos, descubrí el rock and roll. Tal y como me había anticipado Gabriel,amé esa música. Incluso bailaba cuando tocaban esa pieza que tanto me gustaba: Rock AroundThe Clock. El padre de Gabriel se reía al verme, aunque su risa siempre terminaba con una mirada cargada de melancolía.
Por supuesto que hubiera preferido ver a su hijo bailar frente a él...
Al principio, yo temía que la policía viniera a buscarme. Incluso llegué a preparar mimochila en plena noche para salir de la casa e ir al bosque a refugiarme, tal y como lo habíasugerido Sansón. Pero en cuanto me encontraba en la calle, miraba la casa y me daba cuenta deque no era necesario huir. Ya nunca más.
Por otro lado, no olvidaba a los que había dejado atrás. Ya fuera que estuvieran muertos ovivos, todos los días pensaba en ellos. Allá en el internado estaba el pequeño Pablo, los demás,cuyos números con frecuencia me venían a la pero también memoria. Lamentaba no haberlespreguntado sus nombres y sólo recordar sus rostros asociados a esos números siniestros... Mereprochaba por no haberlos ayudado y ardía en deseos de hacer algo por ellos.
Pero me sentía desarmado.
En primer lugar, había escapado del internado cuando el sacerdote había muerto. Además,había apuñalado a un hombre y le había disparado una flecha en el cuello a otro. Por supuesto,había sido en legítima defensa, pero dudaba del valor que pudiera tener mi palabra de "salvaje"contra la de los "blancos..."
De cualquier modo, comencé a redactar una carta en la que daba detalles de todos losmaltratos que habíamos padecido allá. En ella mencionaba a Lucía, a Séguin, pero también alos cazadores y cómo habían matado a Gabriel. Me apliqué en escribir con mayúsculas losnombres de nuestros verdugos y los subrayé, tal y como me había enseñado a hacerlo lahermana Adelia a punta de golpes detrás de las orejas.
Redactarla me hizo mucho bien.
Pero no era suficiente.
Hablé de ella con más gente a mi alrededor y me enteré de que muchos más habían tenidoexperiencias semejantes en otros internados para "salvajes", y mi carta poco a poco seconvirtió en una protesta colectiva. Varios de nosotros la llevamos a la comisaría y a cambionos dieron un comprobante de recibido con un sello de la Policía Real de Canadá...
A consecuencia de esa demanda se abrió una investigación y me enteré de que Sansón sehabía esfumado en la naturaleza y que se había convertido en el sospechoso número uno. Porsu parte, las hermanas tuvieron que dejar el internado y en su lugar contrataron a profesoreslaicos. Mucho después me crucé en el camino con el pequeño Pablo que había crecido, y él meinformó que después de esos cambios, el internado casi se había hecho "habitable"...
Entre todos habíamos logrado mover montañas.
Esa victoria me habría bastado. Pero el padre de Gabriel me explicó cómo la policía habíavenido a matar todos los perros del pueblo. Recordé que Gabriel le había contado esto aSansón.
En ese entonces yo no había comprendido hasta qué esa acción les había impedido satisfacerdignamente sus necesidades punto.
Nuevamente me invadió la cólera.
Pero ya no representaba un freno, sino más bien un motor.
Juntando esfuerzos, adquirimos una pareja de perros husky que tuvieron varias camadas.
Después de la primera cacería se organizó una gran fiesta y por primera vez en mucho tiempo,me sentí realmente feliz....
A finales de marzo organicé mi equipaje, agradecí y abracé al que había sido un padre para mí.Y como la nieve estaba firme todavía y hacía buen tiempo, él me propuso hacer un trecho delcamino en su trineo jalado por los perros. No acepté y preferí regresar tal y como habíallegado, a pie. Un poco decepcionado y sobre todo triste por mi partida, insistió en darme elradio de transistores de Gabriel. Por supuesto rechacé ese regalo invaluable, pero él lo metióen mi mochila sin que me diera cuenta.
Emprendí el camino con el corazón ligero.
Luego de una buena caminata con raquetas, canturreando, me interné en el bosque. Meaguardaba el manto sedoso de la noche y lejos de sentir miedo, por fin tuve la sensación devolver a mi hogar. Alcé la vista hacia el cielo donde se entrecruza- ban las ramas de los abetosy ahí contemplé la estrella que, como yo esperaba, guiaría mis pasos hacia los de Estela...
One, two, three o'clock, four o'clock rock
Five, six, seven o'clock, eight o'clock rock
Nine, ten, eleven o'clock, twelve o'clock rock
We're gonna rock around the clock tonight.
Put your glad rags on and join me hon'
We'll have some fun when the clock strikes one.
We're gonna rock around the clock tonight
We're gonna rock, rock, rock, 'till broad daylight
We're gonna rock around the clock tonight.
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Lagrimas de Bosque
Fiksyen RemajaEsta historia no es mía todos los derechos a su autor en realidad le quiero dar popularidad aquí a la autora Nathalie Bernard la verdad esta historia me encanto bástate espero que les guste. Jonás acaba de cumplir dieciséis años, lo que significa qu...
