Capítulo 45

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Si la mirada confundida del rubio era algún indicativo, Trucazo no era el único que no entendía cómo había sucedido lo que acababa de pasar.

Sin embargo, antes de poder preguntarle nada, alguien abre la puerta de los vestuarios. 

—¿Qué cojones hacen aquí los tres? ¿No me escuchan gritar sus nombres o qué?—dice la voz del superintendente, quien se asoma y los mira a todos con el ceño fruncido.

Gustabo seguía de rodillas, arropado en la calidez del cuerpo de Isidoro, quien no parecía tener ganas de apartarse de su amigo. Su actitud reacia solo aumentó al sentir los hombros de Gustabo tensarse al escuchar la voz del recién llegado.

Isidoro había escuchado rumores de cómo era Conway. Nadie tenía algo bueno para decir de él, aparte por el hecho de que la isla no se había ido a la mierda mientras él estaba a cargo. Gustabo, Freddy y Noah, curiosamente, nunca habían mencionado a Jack Conway. Al menos no en presencia del oficial. Isidoro habría pensado que, al ser altos cargos todos, tendrían más cercanía con el jefe. Sin embargo, nadie en la sala parecía contento de ver al superintendente.

—¿Qué tal, pavo? ¿Cuando volviste?—pregunta Freddy.

Tanto Noah como el mismo Conway notaron cómo Trucazo dió un sutíl paso al costado, cubriendo parcialmente a Isidoro y Gustabo de la vista del superintendente.

El jefe desliza sus ojos hacia las dos figuras detrás de Freddy, centrándose unos segundos de más en el rostro del rubio, quien evadía firmemente su mirada.

Conway se cruza de brazos y dice, ignorando la pregunta del gallego:—¿Me equivoqué al pensar que podían mantener la isla bajo control por un par de meses?

Su tono era plano y aparentemente calmado, pero era evidente hasta para Isidoro, que no lo conocía de nada, que el superintendente estaba enojado. Ninguno de los presentes le constestó.

—Incendios a tutiplén, gente perdiendo sus casas, y un intento de asesinato al comisario. ¿Y toda esa mierda sin un sólo culpable en custodia? ¿Qué cojones han estado haciendo hasta ahora? ¿Tocarse los cojones y jugar a las muñecas?

Conway estaba, claramente, más que enojado por la situación de la isla. Y las personas de más alto rango, que debían cubrir en su ausencia, no habían entregrado ningún resultado en medio de todo lo que había sucedido. Decenas de edificios residenciales a lo largo de Los Santos fueron calcinados, y tenían a cientos de personas atiborradas en los poco holetes que había en la isla. Además, con el miedo de que los incendios volvieran, la policía había evacuando muchos de los edificios que aún estaban intactos, agregando más gente para reubicar. Y a pesar de que todo hubiera secedido a plena luz del día, nadie había visto una sola cosa; nadie tenía idea de quien originó las conflagraciones. Como superintendente, Conway tenía al gobernador respirándole en la nuca para darle a la gente una respuesta de lo que estaba pasando.

—¿Entonces para qué se va...?

El enunciado vino de Isidoro, quien lo había murmurado sólo para Gustabo. Sin embargo, su voz no era tan baja como él pensaba.

Inmediatamente, los ojos del superintendente se posaron en el peliblanco, ceño fruncido y mirada que prometía problemas.

—Bueno, pavo, es lo que hay. A veces pasan este tipo de cosas. Además, es trabajo de los bomberos lidiar con incendios, no de la LSPD—dice Freddy. Sus manos se posaron casualmente en su cintura, y aunque el gesto no parecía gran cosa, Conway sabía que el gallego hacía eso para tener mejor acceso a su arma.

De toda comisaría, y tal vez de toda la isla, Freddy era el único que podía hablar en términos de iguales con Conway y que no hubieran consecuencias. Tenían mucho años trabajando juntos, y habían pasado por mucha mierda como compañeros de trabajo. Ya sabían de qué palo trepaba el otro.

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