Cuando llegaron a comisaría, Freddy guardó su coche en el estacionamiento que estaba al lado del edificio.
Para agilizar un poco el paso, y porque quería una excusa para acercase a Isidoro en público, el comisario lo ayuda a bajarse del coche y a caminar hasta su lugar de trabajo.
La imagen del peliblanco apoyándose en Freddy, un brazo alrededor de sus hombros, mientras que el gallego pasaba un brazo por la cintura del oficial, fue algo que ciertamente llamó la atención de todos en comisaría. Obviamente, nadie aparte de los más cercanos a la pareja tendría idea de lo que realmente pasaba entre ellos. Ante los ojos de todos los que se los cruzaban, Freddy e Isidoro sólo se veían como un par de colegas. Lo que de por sí era curioso, ya que todos sabían que hasta antes del accidente del oficial, estos dos se llevaban bastante mal.
La comisaría parecía más llena que nunca. Había muchas personas entrando y saliendo, subiendo y bajando.
—Joder—dice con desagrado el gallego.
—¿Qué pasa?—le pregunta Isidoro, ambos deteniéndose cerca de la recepción.
Indicando con la cabeza, el comisario señala a un agente que pasaba cerca de ellos, uniforme ligeramente diferente al que usaban los demás.
—Cadetes. No recordaba que había una academia.
—¿Y qué tiene?
—Que ahora somos niñeras—anuncia una voz a sus espaldas.
Girándose, se encontraron con Gustabo. El rubio miró alternadamente entre Freddy e Isidoro, que seguían con sus brazos alrededor del otro.
—¿Ahora vienen abrazados al trabajo? Tan lindos.
Isidoro se apresuró en soltar a Freddy, poniendo cara de asco. Por su parte, el comisario frunció el ceño, retirando el brazo que tenía alrededor de la cintura del menor, aunque de forma mucho más lenta, un tanto de mala gana.
Ambos entendían, por medio de un acuerdo silencioso, que era mejor mantener en secreto la naturaleza de su relación. Isidoro, aunque amaría reclamar a Freddy como suyo, sabía que era más seguro para los dos si mantenía su acto de machito homofóbico. Y Freddy simplemente odiaba ser el tema de conversación de los susurros por los pasillos.
—Tú eres tonto, Gustabo—se queja Isidoro.
—¿No tienes nada mejor que hacer que hablar tonterías, Tabito?
El rubio solo se ríe.
—¿Y tú qué cojones haces acá, Navarro?—viene la voz de Noah.
—¿Que pasa, tete? ¿Me extrañaste?—saluda el peliblanco con una sonrisa.
—No. He tenido la mejor semana y media de mi vida desde que estás de baja.
—¿Cómo vas a decir eso, Holliday? Si yo solo traigo luz y alegría.
—No tener que verte ni escucharte fue un regalo de los mismo dioses—agrega el castaño, tono serio, aunque podías notar el brillo en sus ojos que indicaba que se estaba divirtiendo.
—La suerte de algunos—dice Freddy, soltando un pesado suspiro.
Isidoro mira al comisario, boca abierta y actuando ofendido por lo que acababa de decir. —Trucazo, no digas esas cosas porque me enfado.
—¿Y eso a mí qué me importa, neno?
—Tete, vivimos juntos. No me puedes tratar mal, eh.
Freddy blanquea los ojos. —Aclaremos algo. Nosotros no vivimos juntos, Isidoriño. Yo he tenido la mala suerte, porque el universo me odia, de tener que ayudarte mientras sanas porque nadie más quería hacerse cargo de ti. Eres como el perro feo de una pareja separada; nadie quiere que le llegue el turno de tenerte en casa.
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Bloom
RomantikLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
