Capítulo 39

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Isidoro no sabe en qué momento se queda dormido, aunque seguramente fue poco después de su segundo orgasmo. Para cuando abre los ojos, ya es de día. Se sorprende un poco cuando siente el cómodo peso del brazo de Trucazo alrededor de su cuerpo. Era la primera vez que despertaba y Freddy seguía en la cama.

Con cuidado, se quitó el brazo de Freddy de encima y abandonó la cama.

Por un momento, sus piernas amenazan con fallar y su espalda baja envía una pequeña punzada de dolor que le recorre el cuerpo entero. Freddy lo había preparado realmente bien antes de penetrar, pero su cuerpo había aguantado dos rondas de embestidas—la segunda vez abandonando el cuidado que tuvieron en la primera ronda, resultando en una sesión de sexo un tanto más agresiva. Era normal que su cuerpo se quejara un poco.

Aún así, al ser la primera vez que sentía algo así después de tener sexo, el peliblanco necesita tomarse un momento para recomponerse.

Cuando por fin se estabiliza, camina hasta el clóset de Trucazo, donde el peliblanco había dejado el bolso con su ropa empacada, y coge ropa interior limpia. No era lo más higiénico del mundo, siendo que no se había duchado luego de coger la noche anterior, pero ya se pegaría un baño luego de preparar su desayuno y un café para Freddy.

Antes de salir del walk-in closet, Isidoro deja que sus dedos recorran la tela de las prendas de Trucazo. La habitación olía enteramente a él, e Isidoro sólo quería quedarse ahí, disfrutando ese aroma que tanto le gustaba. Sus ojos encuentran una camiseta de un tono rosa pálido que sobresale en el mar de prendas negras. Sonriendo un poco, decide ponérsela. Freddy era más alto y grande que Isidoro, por lo que no es ninguna sorpresa que la camiseta le quede algo grande. No era al punto de parecer un vestido, como muchas mujeres se veían cuando robaban ropa a sus novios, pero sí lo suficientemente grande como para llegar justo al borde inferior de su trasero.

Satisfecho con la prenda que pretendía robarle a Trucazo, sale y empieza a caminar hacia las escaleras.

***

Cuando es el turno de Freddy de levantarse, la ausencia del peliblanco en la cama lo alarma. Su primer pensamiento era que Isidoro había dejado el apartamento mientras el dormía, regresando a su mansión sin decirle nada.

El pánico que amenazaba con ahogarlo tan temprano se disuelve rápidamente al escuchar movimiento en la planta de abajo y a Isidoro murmurando algo para él mismo.

Suspirando, se sienta en la cama. No sabía qué iba a hacer más tarde, cuando Isidoro realmente esté a punto de irse.

Nunca había llevado a nadie a su apartamento. Veía el lugar como parte de su espacio personal, y por eso había evitado, hasta ahora, que terceros entraran a su vivienda. Las únicas personas que habían estado aquí aparte de él eran Isidoro y Gustabo, y la presencia del rubio simplemente se dió porque Isidoro así lo quería. Ahora, encontraba poco placentera la idea de volver a estar solo.

Desde la cocina viene el sonido del peliblanco tarareando una melodía, lo que saca a Freddy del espiral de pensamientos pesimistas que ya amenazaba con apoderarse de su cabeza.

Sonriendo, abandona la cama y toma rumbo hacia la cocina.

La escena que lo recibe en la planta de abajo es Isidoro moviendo la cabeza de un lado a otro mientras tarareaba algo en voz baja. Tenía los audífonos puestos, por lo que no escucha a Freddy bajar ni acercarse.

Trucazo reconoció inmediatamente la camiseta que llevaba como una de las suyas, aunque debía admitir que no le molestaba para nada que Isidoro la estuviera usando. Sus piernas estaban al descubierto, dejando ver algunas de las marcas que había dejado en el interior de sus muslos la noche anterior. En su segunda ronda, Freddy había explotado más ese punto que parecía volver loco a Isidoro, resultando en las marcas que ahora veía.

BloomDonde viven las historias. Descúbrelo ahora