Para la mitad de la segunda semana, las heridas del cuerpo de Isidoro habían desaparecido casi por completo. Los cortes sanaron y los hematomas se desvanecieron todos, a excepción del más grande, el que tenía a un costado del torso. La unica herida que seguía siendo de cuidado era la que tenía en el brazo con las suturas.
Freddy lo había estado ayudando con el ungüento, asegurándose de echarle en todas las heridas antes de irse a trabajar. También, para sorpresa y ternura de Isidoro, había estado mandándole mensajes para recordarle tomarse los medicamentos. De cierta forma, era algo chistoso pensar en todo el esmero que ambos estaban poniendo en que Isidoro sanara rápido, sabiendo perfectamente lo que harían una vez el oficial obtuviera el visto bueno de la doctora para volver a su vida normal.
Desde la noche en que Isidoro insistió en que Freddy durmiera en la cama, los dos policías empezaron a dormir juntos. Había sido una transición natural, sin que Isidoro tuviera que pedirle nada al comisario.
La rutina de ambos se había convertido en algo bastante parecido a lo que tendría una pareja. Aunque no tenían ninguna relación formal y ninguno de los dos había hablado sobre sus sentimientos por el otro, se sentían bastante cómodos en la nueva confianza que habían adquirido luego la noche que pasaron juntos.
Cada mañana, Isidoro se leventaba justo a tiempo para ver a Freddy hacer el desayuno. Y si bien el comisario no tenía por costumbre desayunar, había empezado a acompañar al peliblanco, tomándose un café, mientras este comía. En ese tiempo, solían hablar de cualquier cosa: de cómo durmieron la noche anterior, qué planeaban hacer ese día, si faltaban cosas para la casa, etc. Cuando el oficial terminaba de comer, el pelinegro se encargaba de los platos sucios.
Como Trucazo salía a correr cada mañana y hacía el desayuno justo cuando llegaba, luego de limpiar tenía por costumbre ir a darse una ducha. En algún momento de su estadía, Isidoro comenzó a acompañarlo. Como era de esperarse, la gran mayoría de veces no se dedicaban sólo a ducharse, aprovechando el espacio, cercanía y desnudez para satisfacer sus deseos. Aún así, Freddy seguía cumpliendo su palabra de no tener sexo realmente hasta el final de las tres semanas de incapacidad. Y aunque Isidoro esperaba ese día con ansias y un poco de miedo, también disfrutaba desmedidamente la rutina tranquila de amantes que habían establecido.
Luego del baño, aprovechaban el resto de la mañana para hacer algo antes de que Freddy tuviera que irse a trabajar. El pelinegro había ido tan lejos como para comprar una consola para poder jugar con el oficial. No era una actividad que le llamara la atención, realmente, pero a Isidoro le gustaba, así que Freddy jugaba con él cada que se lo pedía. Sino, pasaban el rato viendo series, películas o hablando.
A Trucazo se le hacía todo muy nuevo. Había tenido relaciones y parejas antes, pero nunca las integró tanto en su vida privada y personal como estaba haciendo con el peliblanco, quien, técnicamente, ni siquiera era su novio. Pero aunque todo era extrañamente novedoso, el sentimiento no era uno malo o incómodo. Le gustaba despertarse junto a Isidoro, sentir la calidez de su cuerpo al otro lado de la cama. Le gustaba verlo comer y disfrutar lo que cocinaba para él. Le gustaba cuando se colaba con él en la ducha y empezaban a tontear. Le gustaba recibir mensajes suyos mientras estaba en el trabajo, contándole cualquier tontería que cruzara su mente. Le gustaba volver a casa y encontrarlo ahí, diciendo: "Hola, bebé".
Pero aparte de lo cómodos que estaban ambos con su situación actual, ninguno de los dos podía dejar de pensar en las posibles consecuencias. El tiempo que pasaban juntos era prácticamente sagrado y dedicado en su totalidad a la otra persona. Pero tan pronto Freddy se iba a comisaría, el pelinegro se dedicaba a investigar a 15 y la vida de Isidoro en España, trantando, ahora más que nunca, de descubrir quién estaba detrás del peliblanco. Si no conoces a quien te enfrentas, lo más seguro es que pierdas. Y Freddy nunca perdía. Su misión pasó de tratar de averiguar si Isidoro era un peligro a averiguar cómo defenderlo y protegerlo si llegaba a suceder algo en un futuro. Y para eso necesitaba saber todo lo que había pasado en España antes de su traslado.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
