Gustabo había llegado hasta el edificio en un patrulla, pero decide dejarlo ahí para irse en el mismo coche que los otros dos. En parte porque era más seguro para todos si estaban juntos, y en parte porque ni Isidoro ni Freddy parecían dispuestos a conducir.
Isidoro, aunque al final todo haya salido bien, había pasado por un trauma muy fuerte. Lidió con demasiadas emociones en un espacio de tiempo muy corto, y su estado mental no era el adecuado para ponerlo detrás de un volante. Y por su parte, Trucazo estaba más preocupa por tranquilizar al peliblanco que otra cosa, lo que podría significar que se distrajera mientras manejaba.
Todo para decir que Gustabo era una gloriosa tercera rueda. Un violinista. Pero justo ahora era necesaria su presencia.
El camino de ida fue prácticamente en silencio. Lo único que escuchaba eran las voces susurradas de sus compañeros en los asientos traseros.
Para cuando llegaron a la mansión, ya Gustabo tenía dos llamadas perdidas y varios mensajes de Noah. El castaño había llegado a la escena solo para encontrar el edificio en llamas, sin ningún rastro de sus policías.
El rubio le dejó un rápido mensaje, haciéndole saber que los tres estaban a salvo y que ya hablarían mañana (o más tarde, si nos ponemos técnicos) sobre lo que había pasado.
Freddy, Isidoro y Gustabo caminaron rumbo al sofá, donde se dejaron caer, todos mental y físicamente exhaustos.
—Sé que la hora no es la más cristiana, pero creo que a todos nos faltan piezas el puzzle para comprender qué cojones acabamos de vivir—comenta Gustabo luego de unos segundos de silencio.
Realmente, cada uno sabía cosas que el resto no, y era necesario que todos estuvieran en la misma página para saber cómo proceder.
Isidoro, por su parte, sabía de donde procedía el atentado y quién fue quien dió la voz de alerta. Gustabo era el quien había estado en el edificio, había visto cámaras y los explosivos. Y Freddy tenía que dar su parte de la historia; porqué no estaba en el apartamento cuando todo pasó y por qué había sido imposible contactarlo.
Gustabo mira a Isidoro, quien parecía absorto en sus pensamientos. Al peliblanco, claramente, le estaba costando recomponerse de todo lo que había pasado.
—Isidoro—lo llama el rubio. Cuando los ojos del oficial se enfocan en su compañero, Gustabo prosigue:—Empieza tú, ya que fuiste el que me avisó de todo.
El peliblanco asiente suavemente y se aclara la garganta.
—Estaba durmiendo cuando me llegó una llamada de Karla. Nunca me había llamado en horas de la madrugada, así que no sabía que esperar. No me dejó ni decir dos frases cuando prácticamente me gritó que iban a matar a Freddy, que habían puesto explosivos en su apartamento...
En ese momento, entra una llamada al móvil de Isidoro. Era Karla, oportuna como siempre.
Isidoro agradecía haber contado a sus compañeros todo su pasado. Por ese motivo, ahora podía tomar la llamada y ponerla en altavoz.
—Estás en altavoz—dice a modo de saludo.
—Asumo que les contó todo...
—Correcto.
Hubo un pequeño silencio, y luego, la mujer pregunta:—Comisario, ¿está bien?
Su voz había perdido la ansiedad de antes, dejando en su lugar la calmada y calculadora mujer a la que el oficial ha estaba acostumbrado.
Isidoro sabía que Karla tenía gente vigilándolo. Era obvio que su contacto o contactos en la isla estaban al tanto de lo que pasó en el apartamento hace unos momentos. Ella sabía que Freddy estaba vivo, pero estar vivo no era sinónimo de estar bien.
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Bloom
RomantikLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
