Freddy tenía que empezar su turno de trabajo en un rato, y como no tenía tiempo de hacerse cargo del cuerpo de Leonardo, llamó a Karla para que limpiara todo.
—¿Era necesario alterarlo tanto?—pregunta la mujer. Aunque sus palabras parecían ser serias, Freddy siente que las dice con un tanto de diversión, como si hubiera disfrutado, aunque fuera un poco, que su hermano hiciera berrinche. Y a este punto, Freddy no encontraba raro que la mujer supiera todo con lujo de detalles.
—Yo sólo le dije la verdad. Que no sepa comportarse como una persona normal, eso ya no es culpa mía.
—Supongo que no...—susurra, como si hablara más para ella mismo que para Freddy. Luego de un segundo, añade:—Páseme la ubicación exacta del cuerpo. Mandaré a alguien a limpiar todo.
Trucazo, quien había memorizado el número desde aquella vez que lo sacó del móvil de Isidoro, abre rápidamente un chat y le envía la ubicación a Karla.
—Listo—le dice.
—Recibido—confirma ella.
Cuando Freddy está a punto de cortar la llamada, la voz de Karla lo detiene.
—Comisario. —Freddy hace un ruidito de confirmación, asegurándole que la escucha. —Aproveche este tiempo. Daniel no tiene ojos ni oídos en la isla. Y aunque eso solo hará que se vuelva más inquieto, también presenta un beneficio para usted y Navarro. Ustedes deciden cómo y en qué invertir ese tiempo, pero Daniel no tardará en encontrar la manera de escapar de España. Por el bien de todos los involucrados, espero que estén preparados.
Con eso, Karla corta la llamada.
La mujer tenía razón. Y Freddy sabía exactamente cómo quería hacer uso de ese tiempo.
***
Luego de su turno, Isidoro pasó la tarde con Ysabeau. Hacía tiempo que no salía con su amiga, y aunque la dinámica entre ellos era casi en su totalidad basada en insultos, a Isidoro le caía muy bien la policía. Era de las escasas mujeres con las que no había intentado ligar, y la castaña jamás lo miraría con otros ojos. Era un respiro poder actuar de forma más relajada con ella.
Para cuando llegó a la mansión, se encontró a Gustabo con una mochila cruzada.
—¿A dónde vas, tete?—le pregunta el peliblanco.
—Joder, un poco más tarde y ni nos cruzamos—comenta el rubio. —¿Estabas siéndole infiel a Freddy con tus noventa mujeres?
El oficial blanquea los ojos. —¿Esa es la imagen que tienes de mi?
—Pues claro—contesta, encogiéndose de hombros.
—Estaba con la chiwaka. Sabes que a esa no la toco ni con un palo.
Gustabo se ríe. —Mejor, o sino Freddy es capaz de dejarla tirada en una montaña.
Con un gesto de la cabeza, Isidoro señala la mochila de su amigo. —¿Te vas de viaje o qué?
—Que va—responde Gustabo. —Me devuelvo a comisaría. Ya se acabó mi suspensión.
Por un momento, Isidoro no dijo nada, procesando las palabras de Gustabo.
—¿O sea que vas a dejar la mansión para irte a dormir a comisaría?
—Claro.
—¿Cómo que claro? ¿Tú eres tonto, Gustabo?
El rubio se cruza de brazos. —¿Y tonto por qué? Sabes que duermo en comisaría hace siglos.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
