Capítulo 58

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Isidoro se despierta, abriendo los ojos lentamente. Justo a su lado, Freddy está de costado, apoyando su cabeza en una mano, mirándolo detenidamente, casi que con adoración.

El gallego se había despertado hace unos momentos, y le pareció casi que imposible no apreciar la belleza que era el hombre a su lado. Los moratones del accidente habían sanado hace tiempo, y lo que ahora marcaba su piel eran los mordiscos y chupones que Trucazo le había dado la noche anterior. Isidoro siempre había sido atractivo, pero a Freddy se lo parecía aún más al verlo de esta manera: dormido, relajado, despeinado y con marcas claras de que tenía dueño.

—¿No es de pervertidos eso de andar mirando a la gente cuando está dormida?—pregunta el peliblanco, voz rasposa y grave.

Freddy blanquea los ojos. —Gracias por dañar el momento, Isidoriño.

Isidoro se ríe, girándose. Sus piernas se entrelazan con las de Freddy por debajo de las sábanas, y sus manos abrazan el torso descubierto de su novio. Depositando un pequeño beso la piel de su hombro, le dice: —Buenos días.

La mano de Freddy va hasta el rostro del menor, acariciando su mejilla. —Buenos días—le contesta, depositando un beso en su frente. Luego, le pregunta:—¿Tienes planes hoy?

Isidoro alza la mirada, entrecerrando los ojos en sospecha. —¿Por qué?

Tracazo sonríe de medio lado. —Puede que tenga algo planeado.

—¿Para los dos?

Freddy asiente.

Alzando una ceja, el oficial pregunta: —¿Tú? ¿Planeaste algo? ¿Para los dos? ¿Como una cita?

El comisario blanquea nuevamente los ojos. —Que sí, neno. ¿Qué tiene de malo?

Isidoro se ríe. —No tiene nada de malo, tete. Simplemente me sorprende. Creí que no te interesaba tener citas.

El gallego se encoge de hombros y vuelve a dejar una caricia en el rostro de su pareja, mirándolo detenidamente a los ojos. —Pero a ti sí.

Isidoro no puede evitar la sonrisa que expande sus labios, incluso mordiéndose el labio inferior. Tal vez, para otras parejas, el hecho de tener citas era lo más normal del mundo, lo esperado, pero Isidoro sabía que Freddy no era fan de ese tipo de cosas. No era un romántico empedernido, y aún batallaba con sus propios sentimientos y la libertad para poder expresarlos. Lo cual hacía de este gesto algo aún más importante. Que preparase una cita, todo por su propia voluntad, demostraba el esfuerzo que estaba poniendo el gallego. Demostraba, más que las palabras, lo que realmente sentía por el oficial.

—¿Quieres que pida el día libre en comisaría?

Freddy niega con la cabeza. —No. Necesito preparar todo, de igual forma. Ve a trabajar, y ya te recogeré yo cuando termines.

Alzando una ceja, Isidoro responde, tono exagerado:—¿Me vas a recoger? Comisario Trucazo, ¿acaso me quiere enamorar? Cuanta atención...

Soltando una pequeña risa, Freddy choca su hombro contra el de Isidoro. —Eres ridículo, pavo.

Isidoro se une a su risa, profundizando su abrazo y pegando sus cuerpos aún más por unos segundos. Luego, se obliga a abandonar la cama. Su turno empezaría pronto, y aunque no le hacía mucha ilusión dejar a Freddy, al menos tendría el consuelo de que pasarían la tarde juntos.

Freddy se queda en la cama mientras Isidoro va hasta el baño y empieza a ducharse. Karla les había dicho que aprovecharan el tiempo. Y aunque la mujer seguramente se había referido a que se prepararan para matar a Daniel, Trucazo consideraba que había mejores maneras de usar ese tiempo. Quería pasar tiempo con Isidoro. Sin esconderse, sin preocuparse por tener a alguien viéndolos. Quería, aunque fuera por un día, que fueran una pareja normal.

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