Capítulo 36

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Cuando terminó su relato, Isidoro se sentía un poco más liviano; siempre era bueno sincerarse. 

Freddy, desde que había tomado asiento junto a Isidoro, había estado dejándole suave caricias en la espalda, lo que había ayudado a calmarlo.

Los tres policías se quedaron en silencio por un rato. Al final, fue Gustabo quien rompió el silencio.

—Joder. Vaya tela.—Suspirando, agrega:—Gracias por contarnos. No es fácil hablar de estas cosas.—«Yo mejor que nadie lo sé» pensó.—¿Pero por qué ahora? ¿Pasó algo en España?

Isidoro negó con la cabeza. —Tengo a Luis, el nieto del dueño del Malibú, haciéndole seguimiento al caso de Daniel y a sus movimientos en España.

Freddy lo mira, cejas alzadas en sorpresa. —¿Les contante esto a ellos?—No lo preguntaba de forma ofendida o el típico "les dijiste antes que a mí" sino con sorpresa. Simplemente no se esperaba que le confiara esa información a una banda criminal.

—No. Les conté que necesitaba saber cuando esta persona dejara España porque era alguien a quien había metido en problemas y seguro querría venganza. Eso es todo lo que saben.

El gallego asiente lentamente. —Y por eso compraste las armas con ellos.

—¿Armas? ¿Qué armas?—pregunta Gustabo, poniendo el acto perfecto de la ignorancia.

Freddy hace un gesto con la cabeza, apuntando al bolso de lona negro que estaba en el sofá.

El rubio se levanta y da un par de pasos hasta el bolso. Abriéndolo, deja salir un silbido apreciativo. 

—Son para ustedes—informa Isidoro.

—¿Cómo?—preguntan los otros dos, casi al tiempo.

—Es importante que el arma que mate a Daniel no esté registrada. Además, no sé si Daniel intentará hacerle algo a ustedes. Bueno, a Freddy seguramente sí. Pero como no puedo estar en todos los lugares al mismo tiempo, es mejor que tengan con qué protegerse. Una larga y una pistola para cada uno. 

—Vuelvo a la misma pregunta—dice Gustabo, sacando un arma larga y probando su peso y balance—. ¿Por qué ahora? 

Realmente Isidoro no tenía un motivo de peso que darle a sus dos compañeros. Aunque Eduardo le había asegurado que no había ningún encargo en el bajo mundo que lo involucrara a él o a Freddy, y Luis le había asegurado que Daniel seguía encerrado en su casa, Isidoro tenía la rara sensación de que algo malo estaba próximo a suceder. Por eso había sentido la necesidad de contarles todo ahora, de darles las armas ya.

—No lo sé, tete. Tengo un mal presentimiento.

Para muchos, esa razón sería algo que echar en poco, incluso para reírse. Sin embargo, Gustabo y Freddy sabían que los presentimientos de un policía, sobretodo alguien con tantro trabajo de campo como era Isidoro, no eran algo para burlarse. Cuando se está en esta linea de trabajo, aprendes a notar cosas que otros no. Muchas veces, tu cerebro sabe que algo está pasando, aunque no seas capaz de explicar el qué o cómo lo sabes. Por ese motivo, los dos policías se miraron, expresiones serias. Sería mejor que los dos se prepararan para recibir a este tal Daniel.

***

—Bueno, si eso es todo, mejor me voy a comisaría—anuncia Gustabo.

—¿Te vas? ¿A esta hora?—pregunta Freddy, mirando que ya eran las tres, casi cuatro, de la madrugada. 

Habían estado todos tan metidos en el relato del pasado de Isidoro que nadie notó lo tarde que se había hecho. Ciertamente, el peliblanco tenía muchas cosas que contar.

BloomDonde viven las historias. Descúbrelo ahora