Capítulo 27

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Los dos policías se secaron el exceso de agua tanto como pudieron antes de entrar al apartamento. Ambos se pusieron solo ropa interior seca y un pantalón antes de sentarse en el sofá.

A petición de Isidoro, las luces permanecieron todas apagadas, excepto por la del segundo piso. El peliblanco estaba seguro que por más que pudiera controlar su voz, con Freddy parecía imposible controlar el rubor que daba color a su pálida piel o impedir que sus emociones se mostraran tan obvias en su rostro. Se sentía más seguro y calmado hablando en la completa oscuridad.

Isidoro alzó una pierna, en la que no tenía el esguince, y la abrazó contra su pecho, acomodando su mentón en su rodilla. Freddy se acomodó a su lado, aunque no muy cerca, cruzado de brazos y piernas, cuerpo levemente inclinado hacia un lado para mirar fijamente a Isidoro.

El pelinegro permaneció en silencio, mirando la silueta de su compañero en la oscuridad. Sus brazos cruzados eran para evitar cualquier impulso de tocarlo, especialmente luego de haberlo tenido encima suyo hace solo un par de minutos.

Isidoro empezó, voz baja:—El día del accidente, salí con Gabriela...

Aunque el oficial había evitado decir "cita", era evidente para Freddy que esa fue la índole de su encuentro. El gallego tuvo el impulso de quejarse, de decirle que lo primero que había hecho tras una discusión entre ellos había sido irse corriendo a los brazos de su reemplazo. Pero el comisario prefirió morderse la lengua. Bien sabía Dios que él la había cagado mucho más que Isidoro en esta extraña relación que tenían, y el pelinegro estaba decidido a cambiar su actitud con el oficial con tal de poder mantenerlo a su lado.

Isidoro, conociendo a Freddy, había esperado algún tipo de respuesta a la mención de Gabriela, pero solo recibió un pequeño ruido que confirmaba que el pelinegro había escuchado y que podía continuar su relato.

—Le pedí que nos viéramos porque quería saber qué pasó aquella noche. Gustabo se negaba a decirme nada, Holliday evadió la pregunta, Filadelfo no recuerda nada, y tú estabas enojado conmigo. Sólo me quedaba Gabriela. Y como todo el tiempo había pensado que ella se había ido conmigo hasta casa, parecía la persona perfecta para conseguir información.

En la oscuridad, el comisario alza una ceja, sonriendo levemente. Se le hacía sumamente fascinante el hecho de que Isidoro haya ido a una cita con la mentalidad de hablar de Freddy. Estaba seguro que Gabriela no apreció mucho el tema de conversación, cosa que solo servía para mejorar el humor del gallego.

—¿Y conseguiste la información que querías?—pregunta, voz igual de suave.

—Parte—responde Isidoro.

—¿Qué parte?

—Quién realmente fue a la mansión esa noche...

Freddy permanece un momento en silencio, tratando en vano de ver con claridad la expresión en el rostro de Isidoro.

¿Había sido esa información lo que lo había alterado tanto ese día, al punto de tener un accidente de coche? Era lo más probable, pero no le daba ningún consuelo al gallego.

«¿Tanto le desagradó la idea de estar conmigo en lugar de con ella?» no puede evitar preguntarse, apretando los dientes.

Si bien el cuerpo de Isidoro respondía a su contacto, y aunque él mismo haya aceptado que Gabriela era un reemplazo de Freddy, eso no significaba mucho. Isidoro claramente prefería a las mujeres, y tal vez hubiera preferido estar con la pelinegra esa noche.

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