Cuando Freddy llegó a la mansión, ya era relativamente tarde. Contrario a lo que había hecho cuando Isidoro vivía en su apartamento, el gallego dejó que las horas pasaran, haciendo tiempo extra en el trabajo. Realmente no lo hizo con la intención de evitar al peliblanco, sino porque necesitaba pensar en qué haría para poder arreglar todo.
Con Isidoro siempre parecían dar un paso adelante y dos hacia atrás. Era frustrante ver que todo iba bien un día, pero al siguiente todo se iba a la mierda. Y aunque le fastidiara admitirlo, casi siempre había sido por culpa suya.
Gustabo le había dicho que le diera una respuesta a Isidoro, que ya sabía cómo se sentía realmente. Sin embargo, Trucazo no estaba del todo seguro que eso fuera cierto. Sí, sentía algo por él, quería tenerlo cerca, quería besarlo y llevarlo a su cama. Pero eso fácilmente podía significar que simplemente tenía atracción sexual por él, cosa que ya sabía que era cierta. ¿Pero era eso todo lo que sentía por él? ¿Sólo atracción sexual?
Primero tenía que definir de una vez por todas qué nombre darle a ese algo que sentía por Isidoro.
Pero aún si lograba descubrirlo pronto, primero necesitaba arreglar las cosas con el oficial. Por mucho que Isidoro haya dicho que le gustaba Freddy, ahora estaba enojado con él. Si Trucazo simplemente le dijera "me gustas" luego de todo lo que dijo en la azotea, Isidoro seguramente no le creería en absoluto.
Mientras está perdido en sus pensamientos, un coche llega a la mansión.
Trucazo frunce el ceño, alerta sobre quién podría ser a esa hora de la noche. Con un poco de aprehensión, abre la puerta e inspecciona el coche. Era el coche de Isidoro.
Con lo tarde que era, Freddy ni siquiera se detuvo a pensar si el peliblanco estaba en casa; en su cabeza, Isidoro ya debía estar más que dormido.
El coche se detiene lejos de la entrada, y de la puerta del conductor sale una silueta que Freddy no reconoce en un principio. Estaba muy oscuro como para ver quién era, pero definitivamente no era Isidoro. La silueta que se dibujaba era claramente femenina.
La mujer no parece notar que Freddy la observa, y se apresura a ir hasta la puerta del copiloto, ayudando a Isidoro a salir del coche.
La voz de Isidoro se escuchaba con facilidad, pero sus palabras eran difíciles de distinguir. Lo que Freddy sí podía notar era el tono alegre que pintaba su voz.
Aunque el peliblanco parece poder caminar por sí sólo, sus pasos son torpes y tambaleantes, haciendo que caminara en zigzag. La mujer intenta tomarlo del brazo para ayudarlo, pero Isidoro se zafa una y otra vez, vociferando que no necesita ayuda.
Cuando el par se va acercando más y más a la puerta de la mansión, la silueta de la mujer va tomando claridad.
Freddy estaba sorprendido de ver quién era, pero al mismo tiempo no lo estaba. La mujer había desaparecido de la vida de Isidoro hace ya unos dos meses, y desde la última vez que la había visto, Isidoro no la había mencionado ni una sola vez.
Era la chica aquella que había sido la cita de Isidoro cuando fueron a la discoteca hace ya varios meses atrás. La misma que parecía querer desafiarlo por la atención de Isidoro cada vez que estaban en la misma habitación.
«¿G...? ¿Gionella? ¿Graciela? ¿Greta? Como sea, neno. Debí enterrarla en un monte cuando pude...»
—Por Dios, Isidoro, déjame ayudarte. Te vas a ir de cara—suplica la pelinegra.
—Que no, teta, que no—se queja Isidoro, arrastrando las palabras—. Que yo puedo sólo, joder...
Ninguno de los dos se había percatado de la presencia del comisario. Tal vez porque siempre vestía de negro, sumado a su cabello y ojos que también eran oscuros, y se mezclaba perfectamente con el ambiente de la noche.
ESTÁS LEYENDO
Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
