Capítulo 34

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Nota: Creo que será bastante obvio, pero igual aclaro que en este capítulo, las cursivas indican flashback y hacen parte de lo que Isi está contándole Freddy y Gus. Es decir que, al final, los dos sabran el contenido de lo que se dice en los flashbacks. Feliz lectura <3

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—Hace varios años—empezó Isidoro, mirando al suelo—, estuve en un operativo en cubierto. Tratábamos de agarrar a una organización que se dedicaba al tráfico. Armas, personas, estupefacientes, animales exóticos, órganos. Lo que se te ocurra, ellos lo traficaban. Fue uno de los trabajos más duros y peligros que hice en toda mi carrera. Infiltrarse no fue fácil, pero pude lograr convertirme en un cliente habitual, y luego en parte de la organización. Ganarme su confianza. Fue un trabajo de más de cuatro años.

Se detuvo un segundo, recordando todo.

—En ese operativo conocí a una persona. Daniel, se llama. Era un doctor que se había envuelto con toda esta gente por error y acabó trabajando para ellos por temor a que lo mataran. En ese momento, lo vi como un aliado indispensable si quería detenerlos a todos. Y pues, poco a poco, me fui acercando a él.

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—Estoy cansado de todo esto, tío. Trabajar para esta gente es un infierno—se queja el pelirrojo.

¿Pero cómo acabaste aquí, Daniel?

Basta con juntarte con una sola mala persona para que tu vida se vaya a la mierda, Gonzalo.* Estaba en un momento duro y acepté lo que debía ser un encargo de una sola vez: un riñón a cambio de una suma de dinero muy, muy buena. Y eso dio paso a otro encargo, y otro, hasta que ya no tenía opción de decir que no...

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—Sin darse cuenta, Daniel me dio todo lo que necesitaba para destruir la organización; nombres, clientes, proveedores, lugares de intercambio. Todo. Él creía que había encontrado a un confidente, un verdadero amigo, pero le estaba cantando todo a un policía. 

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—¿Ves a ese?—susurra Daniel, señalando disimuladamente a un hombre que estaba un tanto apartado.—Es el gilipollas que se encarga de la trata de personas. Desde las estafas hasta los secuestros y el transporte ilegal. 

—¿Cuanto lleva acá?

—Ni idea, pero ya era de los líderes cuando yo llegué, y de eso hace más de tres años. Si mal no recuerdo, una vez escuché a alguien decir que era hijo de un sargento retirado, y se ve que el tipo usaba su rango para el negocio, también.

—¿En serio? Joder, y así quieren que confiemos en la puta policía.

—Ya ves. Encima era uno super famoso. Siempre lo veía en las noticas recibiendo medallas de honor. Un tal González.

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—Y cuando fue el tiempo correcto, dimos el golpe. Desmantelamos toda la organización.

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—¡La puta policía!—gritó alguien, empezando a correr y sembrando el pánico en la casa que usaban como base.

—¡Corran, joder!

—¿Cómo mierdas nos encontraron?

Daniél se gira para ver a Isidoro, tomándolo del brazo para empezar a correr. Sin embargo, el castaño aprieta la mandíbula y se queda firme en su lugar.

El pelirrojo lo mira, confundido. —¿Qué haces, Gonzalo? ¡Tenemos que irnos ya!

Sin darse tiempo a que su corazón se suavizara ante el rostro de Daniel, Isidoro saca un arma que tenía escondida en la parte de atrás de su pantalón.

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