Un castigo...
Isidoro debía estar mal de la cabeza para emocionarse ante esas palabras, pero eso era justamente lo que había pasado. Ya lo había pensado alguna vez, que aunque disfrutaba ser el único recipiente del cariño, suavidad y amabilidad de Freddy, le excitaba mucho más cuando lo trataba con rudeza, con firmeza. Y la promesa de repercusiones, lejos de darle el miedo que pensaba que le daría, sólo sirve para enviar corrientes de excitación por todo su cuerpo.
Sus ojos miran a Freddy con lujuria, labios entreabiertos, respirando irregularmente.
—¿Qué castigo?—pregunta, pero casi parece una súplica.
Freddy lo suelta de golpe, poniéndose de pie. En silencio, camina hasta el baño, donde toma la camisa que había estado usando antes. Isidoro podía ver manchas de sangre en la tela.
Cuando regresa, se detiene detrás de Isidoro.
—De pie—ordena.
Isidoro obedece sin girarse.
Freddy toma las manos de Isidoro y las pone una encima de la otra a sus espaldas. Luego, siente cómo le amarra las manos en un nudo experto con la camisa. Con un último tirón, obliga a Isidoro a caer, nuevamente, en sus rodillas.
Trucazo rodea a Isidoro y se queda frente a él. Con un dedo, dibuja un recorrido por el cuello del peliblanco, finalizando en su mentón, obligándolo a alzar la cabeza para mirar a Freddy a los ojos. Con el pulgar, le recorre los labios.
Sus ojos se oscurecen y sus rasgos se endurecen al recordar que esos labios fueron besados por alguien más hace no mucho tiempo.
—Tu boca es mía—dice el gallego. No era una pregunta ni una petición; lo dijo con la misma seguridad que dirías que un día tiene 24 horas o que la semana tiene 7 días.
Isidoro se estremeció bajo el toque de Freddy y sus palabras le roban un pequeño gemido de satisfacción. Le encantaba su tono, le fascinaba esa mirada y lo volvía loco que lo llamara suyo.
—Dilo—ordena Freddy.
—Mi boca es tuya...—murmura contra el pulgar del mayor. De repente se sentía como si le faltara el aire.
Freddy mete su pulgar en la boca del peliblanco, obligándolo a abrirla de par en par. El gallego saca el pulgar y mete dos de sus dedos, presionando suavemente en su lengua. Aunque era un gesto aparentemente pequeño, tenía tintes obscenos que hacen que Isidoro empiece a emocionarse.
—Tienes la boca pequeña...—le dice. —Abre bien y ten cuidado con los dientes.
A Isidoro le toma un segundo entender las implicaciones de sus palabras, pero tan pronto su mente forma la idea, el gallego saca los dedos de la boca de Isidoro y usa su mano para soltar la toalla que tenía en la cintura.
Tal como había imaginado, el comisario no llevaba ropa interior. Con Trucazo de pie e Isidoro de rodillas, el peliblanco estaba frente a frente con el miembro del gallego.
Su primer instinto fue tratar de tocarlo, pero sus manos estaban firmemente atadas a su espalda.
Deslizó su mirada por el cuerpo de Freddy. Era un cuerpo indudablemente perfecto. Tenía los músculos marcados y desde la perspectiva que tenía Isidoro en su posición, apreció cómo se veían sus abdominales y pectorales. Ver lo atractivo que era este hombre hacía que se le hiciera agua la boca.
Freddy podía ver reflejado en el rostro de Isidoro todo el deseo que sentía el menor. Aunque nunca había hecho esto, su mirada pedía a gritos que lo dejara hacerlo. Quería hacerlo. Quería tener el miembro de Freddy en su boca.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
