Tan pronto las puertas de la discoteca se cierran detrás de Isidoro y Luis, el joven pelinegro le quita el brazo de encima al policía.
—¿Quieres algo de tomar?—le pregunta al oficial.
Isidoro niega con la cabeza. —De verdad tengo que irme a trabajar. Sólo vine por el coche.
—Vale, vale. Como gustes—le dice el muchacho.
Tarareando suavemente, Luisito camina hasta un gabinete cerrado con llave. Una vez lo abre, saca las llaves del coche de Isidoro.
Cuando se las extiende, el peliblanco se acerca. Justo cuando las va a agarrar, Luis las quita de su alcance, sonriendo.
—¿Vas a venir esta noche?
Isidoro lo mira, entrecerrando los ojos. A Luis nunca le había importado si Isidoro venía o no a la discoteca. No era como si necesitara su dinero, y tampoco eran las personas más cercanas del mundo. Era obvio que había algo raro en toda esta situación, pero era precisamente por el hecho de no ser cercanos que Isidoro no podía adivinar exactamente el qué.
—No sé, tete. Tal vez descanse—dice. Aunque no intenta alcanzar las llaves, deja su mano extendida en un gesto claro de que esperaba que el joven se las entregara.
—Anda, ven esta noche.
—¿Para qué? ¿Qué va a haber de especial?
Luis hace un gesto con la mano, como intentando restar importancia a la pregunta del oficial. —Nuestras fiestas son las mejores de la isla. Si quieres, te puedo ofrecer unos cuantos tragos, cortesía de la casa—le dice, sonriendo. —Pero no es por eso. Quería hablar contigo.
Isidoro alza las cejas, curioso. —Pues ya estoy aquí. Hablemos.
Luis le vuelve a sonreír. —No puede ser ahora. Ven esta noche y ya hablaremos. Te prometo que será algo de beneficio mutuo.
¿Qué podría tener en mente el joven pelinegro que no pueda decirle ahora y que, además, le represente algún beneficio? La curiosidad le podía. Quería saber qué era lo que él muchacho tenía que decirle.
Finalmente, el oficial asiente con la cabeza, tratando de poner una fachada calmada y como que aquello no le interesara en absoluto. Cabe aclarar, no fue muy exitoso.
—Bien. Vendré por la tarde.
Con una expresión triunfante, Luisito deposita las llaves en las manos de Isidoro.
—Perfecto. Nos vemos esta noche.
Luis no sabe si su plan, o idea, más bien, funcionará. Fue algo que se le ocurrió en el momento que dejó a Isidoro borracho en los brazos del comisario. Sin embargo, conociendo la personalidad de Trucazo, era posible que obtuviera la reacción que esperaba de él.
No tenía nada en contra del gallego, no realmente. Y si era sincero, probablemente seguiría con este tonto plan aún si el interés romántico de Isidoro fuera otro tío. Lo importante era eso, que fuera un hombre. El cual, coincidencialmente, resultó ser Freddy Trucazo. Lo cual hacía que todo fuera aún más emocionante.
Para ser honestos, a Luis le gustaba alguien. Y aunque creía que había sido lo suficientemente obvio con sus sentimientos, además de sentir en varias ocasiones que estos eran recíprocos, no paraba de ver a esa persona con tías diferentes. No era mujeriego al punto de ser Isidoro, pero Bo tenía un atractivo que acababa por enamorar a varias mujeres. A veces se podía comportar como un niño, todo inocente, haciendo travesuras y acelerando el coche por la isla, pero a veces sacaba ese lado que lo convertía, en lo que respecta a Luis, en el líder de los SD con el que debías tener más cuidado.
ESTÁS LEYENDO
Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
