Capítulo 51

221 32 42
                                        

Freddy sale a correr y deja a Isidoro durmiendo en su habitación.

Le había dejado un par de mensajes al peliblanco, pidiéndole que lo esperara. Usó como excusa su falta de coche, y le dijo que lo llevaría hasta el Malibú a buscarlo. Sabía que Isidoro leía sus mensajes, aunque eligiera no contestarle.

No sabía si, al regresar, el oficial seguiría ahí, y para ser sinceros, no tenía muchas esperanzas de que así fuera. Ya se estaba volviendo rutina que el pelinegro saliera a correr y que al regresar lo recibiera una mansión vacía.

No podía negar que le fastidiaba la situación. Estaba frustrado y ansioso por cómo se estaba desarrollando todo. Una cosa era el espacio que habían acordado darse mientras Freddy organizaba sus sentimientos y emociones, y otra totalmente diferente era ser ignorado a toda costa.

Estaba seguro que Isidoro seguía sintiendo por él; no podías eliminar tus sentimientos por alguien en una semana. ¿Pero tendría esa certeza luego de dos semanas? ¿Un mes? ¿Medio año? Mientras más tiempo pasara, más posibilidades había de perder a Isidoro. Y por la manera en que ha estado comportándose el peliblanco, de fiesta en fiesta, con tías para arriba y para abajo, y ahora con el tío de los SD, Freddy no podía evitar la angustia que le apretaba el pecho.

La distancia, de la forma en que lo veía Trucazo, parecía estar trabajando a dos tiempos, de dos maneras y con resultados completamente opuestos. Mientras que al oficial parecía ayudarlo a alejarse cada vez más y más del agarre de Freddy, al comisario solo le servía hacerlo más y más consistente del lugar tan grande que Isidoro ocupaba en su vida.

Gustabo tenía razón. Freddy ya sabía cuál era la respuesta a la confesión de Isidoro. Realmente, siempre fue obvio. Al menos, obvio para todos los demás, aparentemente. Y aunque, en retrospectiva, Trucazo puede darse cuenta de lo claros y evidentes que eran sus sentimientos por él peliblanco, había tomado todo este tiempo para que el comisario pudiera atreverse a darle nombre a ese conjunto de peculiares emociones, sensaciones y comportamientos.

Ahora el problema era saber si tendría la oportunidad de transmitirle eso a Isidoro.

Tenía que arreglar las cosas con él, pero peliblanco no parecía querer darle la más mínima oportunidad. Cuando le mandaba mensajes, nunca había respuestas. Cuando llamaba, siempre se iba a buzón. Cuando le hablaba, siempre encontraba una excusa para dejarlo hablando sólo. Luego, cada noche tenía que recibirlo de los brazos de alguien nuevo, completamente ebrio.

Por esa actitud evasiva del oficial, Freddy se detiene en seco al regresar de correr y ver a Isidoro aún en la mansión, sentado en el sofá de la sala. Por un instante, pensó que estaba viendo cosas. Incluso se le cruzó la idea fugaz de que en realidad Gustabo, y su mente solo le estaba haciendo ver cosas.

—No te has ido—dice el gallego, aunque su tono lo hace parecer una pregunta.

Isidoro lo mira, haciendo un breve recorrido desde sus pies hasta su rostro, aunque sin mostrar ninguna expresión en especial.

Encogiéndose de hombros, contesta:—¿No dijiste que me ibas a llevar al Malibú?

Su voz era bastante neutral, por lo que Freddy no sabía qué pensar de la presencia del oficial. Lo único que está claro es que el peliblanco, por algún motivo que sólo él sabrá, ha decidido darle una oportunidad a Trucazo. Tal vez para ver qué haría con esa oportunidad.

Tratando de esconder la sonrisa que quería plasmarse en su rostro, Freddy asiente. —Dame cinco minutos para ducharme.

Isidoro mira al gallego mientras este camina directo hasta su habitación. Una vez escucha la puerta de la habitación cerrarse, el peliblanco suelta un suspiro y se lleva las manos a los ojos.

BloomDonde viven las historias. Descúbrelo ahora