Al parecer, Isidoro no pensaba ponerle fácil la tarea a Freddy de resolver las cosas.
A pesar de haberse ido a la cama en horas de la madrugada, el gallego se levantó igual de temprano que siempre y salió a correr. Cuando regresó, volvió a caer en la rutina que tenía en el apartamento: ducharse, hacerse un café, y preparar el desayuno para Isidoro.
Esperó a que el peliblanco se despertara, con la idea de poder hablar con él mientras comía, o tal vez después. Pero los minutos pasaron, y para cuándo Freddy tenía una hora de haber regresado de correr, Isidoro seguía sin salir de su habitación.
—¿Uy y esto?— Gustabo sube las escaleras, guiado por el olor a comida.
Freddy se gira en su silla para ver al rubio. —Para Isidoro.
Gustabo alza las cejas, claramente sorprendido por el gesto. Sin embargo, su sorpresa cambia rápidamente a una mezcla de lástima e incomodidad.
—Isidoro se fue hace rato.
El gallego miró a su compañero en silencio, parpadeando en confusión. —¿Cómo que se fue?
El rubio saca su móvil y se lo enseña a Freddy. Un mensaje de Isidoro brilla en la pantalla.
Isidoro: "Tete, voy a sacar mi coche del depósito. Nos vemos luego."
Freddy suspira. La hora del mensaje indicaba que había sido mientras Trucazo estaba fuera corriendo. Isidoro no tenía por costumbre levantarse temprano, y mucho menos luego de haberse ido a la cama a las 3 de la mañana, por lo que era bastante claro que había sido un intento de evitar cruzarse con Freddy.
Trucazo le devuelve el móvil a Gustabo y empuja el plato de comida hacia él.
—Come—le dice mientras se levanta y va rumbo a la habitación.
Aunque Isidoro se lo pusiera difícil, Trucazo no era de los que se daba por vencido.
***
Isidoro llegó a comisaría mucho antes de que su turno empezara. Cuando regresó al trabajo luego de recuperarse del accidente, había movido sus turnos para poder ir y regresar con Freddy, y lo que quería ahora era justamente lo contrario.
Obviamente, sus sentimientos por el comisario no habían cambiado. Si pudiera dejar de querer a alguien de un día para otro, eso sólo significaría que nunca lo quiso realmente. Y si era honesto consigo mismo, Isidoro no estaba seguro de querer dejar de quererlo. Eso era algo que pensó cuando vió su apartamento explotar frente a él: vivir una vida donde no amara a Freddy Trucazo era algo que no le apetecía.
Aún así, quería espacio. Necesitaba espacio. Trucazo había dicho cosas que lo hirieron profundamente, y ahora no podía verle sin que en su cabeza se repitieran esas palabras que le dijo a Conway.
Con algo de suerte, el tiempo haría de las suyas, y todo caería por su propio peso. Sea que arreglara las cosas con Freddy o no, el peliblanco dejaría que las cosas siguieran su curso.
Y el primer paso era cambiar su horario de trabajo.
Con algo de inseguridad, tocó un par de veces en la puerta del despacho.
—¿Sí?
—Es Isidoro Navarro, jefe. ¿Puedo hablar con usted un momento?
Hay un par de segundos de silencio antes de que Conway respondiera. —Pasa.
Isidoro entra al despacho, pero evita acercarse mucho al superintendente, prefiriendo quedarse cerca de la puerta.
Jack Conway lo analiza en silencio, mirándole de pies a cabeza. El superintendente también se había dado cuenta del corto intercambio de Isidoro y Freddy en la azotea, luego de que el oficial escuchara las palabras del comisario. Conway, que ya era perro viejo, sabía que esta visita tendría algo que ver con eso.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
