Capítulo 33

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Gustabo no sabía muy bien qué pensar de lo que había visto desde las cámaras. Realmente, se había puesto a mirar la bodycam del peliblanco porque justo unos minutos antes había pasado por recepción y lo vió hablar con una mujer. Quería ver si, aunque le había confesado al rubio sus sentimientos por Freddy, seguía ligando con otras. En cambio, lo que vió nada más poner la transmisión fue a Isidoro metiendo dinero en un sobre a escondidas. De ahí, vió su cámara hasta el momento en que Luis deja la comisaría.

No estaba seguro de qué asuntos podía haber entre Isidoro y unos de los líderes de los SD, pero el intercambio de dinero y lo que dijo de "ver las armas" le daban muy mala espina. Sabía que Isidoro estaba lidiando con asuntos de su pasado, pero que eso implicara comprarle armas ilegales a una banda era algo que no le daba paz mental a Gustabo.

Sin embargo, sea cual sea la situación de Isidoro, Gustabo no quería presionarlo por información. Quería creer que había suficiente confianza entre ellos como para que, en algún momento no tan lejano, Isidoro le contara todo por voluntad propia. De la misma manera en que él le contaría su pasado con Pogo.

De momento, se aseguraría de ayudar al peliblanco desde las sombras.

Con eso en mente, borró el registro de la cámara de Isidoro.

***

Puntual como siempre, Freddy pasa por la recepción cuando está listo para irse al apartamento. Y para sorpresa de nadie, encuentra a Isidoro hablando con una mujer. Con una compañera con la cual ya había estado en el pasado, aún encima.

—Oíste, pava, ¿tú estás viendo las quinientas alertas que están saliendo? ¿Te pagan para quedarte en comisaría rascándote el coño o cómo va la cosa?

La oficial, que tenía el cabello del mismo color blanco que Isidoro, lo mira nerviosa. —Le estaba preguntando algo a Isidoro, jefe—se excusa.

—¿Si está libre esta noche? Pues ya te digo yo que no. Vete a tomar por culo, que hay mucho trabajo y pocos agentes.

Rápidamente, Gia ofrece una despedida y se va rumbo al parking.

Isidoro, quien había visto el intercambio en silencio, mira a Freddy con una ceja alzada y una pequeña sonrisa.

—¿Y tú que miras?—se queja Freddy.

Apretando los labios para evitar reírse, el peliblanco le dice:—Nada, nada. ¿Nos vamos?

Freddy sabía que ese "nada" era realmente algo pero no presionaría el tema en plena comisaría. Así que simplemente asiente y espera a que el peliblanco se levante para poder ayudarlo hasta el coche. Isidoro tenía las muletas, pero el gallego sentía la pequeña necesidad de acercarse y tocarlo de alguna manera, sobre todo luego de que las dos veces que había ido a ver al oficial ese día había estado ligando con tías. De cierta forma, así marcaba un poco de territorio.

El peliblanco, más perspicaz de lo que se pensaban muchos, sabía por qué Freddy actuaba de aquella forma. Si bien había tenido sus inseguridades en lo que respecta los sentimientos del comisario, podía reconocer las señales de los celos y posesividad de Trucazo. Y aunque muchos consideran esas dos cosas como red flags, para el oficial eran sinónimo de que Freddy lo veía como suyo, y como alguien a quien no quería compartir con otras personas.

La idea lo hace sonreír mientras se deja guiar por Freddy hasta el coche aparcado fuera de comisaría.

Una vez dentro del coche, Isidoro le dice, voz un tanto rasposa:—Tete, ¿te parece si vamos al Malibú a tomarnos algo?

Isidoro había estado pensado, desde que se fue Luis, en si debía llevar a Freddy o ponerle alguna excusa para irse solo. Al final, decidió sacar lo mejor de la situación. De igual menera, en algún momento, tendría que contarle a Freddy sobre las armas; después de todo, algunas era para él. Aún así, no fue una decisión fácil. Isidoro tenía un poco de miedo y nervios a la hora de pensar en todo lo que pasaría esa noche, todo lo que tenía planeado.

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