Para cuando Isidoro se levantó, Freddy ya había hecho su rutina mañanera, la cual consistía en salir a correr por una hora, tomar una ducha, y ahora, hacer el desayuno para el peliblanco.
Para ser precisos, lo que despertó al oficial fue el aroma a comida. Ya había comprobado la noche anterior que el comisario tenía una excelente sazón, y sólo bastó con el olor proveniente de la cocina para que su estómago reaccionara, rugiendo.
Con cuidado, bajó las escaleras, ayudándose con las muletas.
La imagen que lo recibió fue Freddy Trucazo, de espaldas a las escaleras, sin camiseta, cocinando, cabello aún húmedo, algunas gotas corriendo por la piel descubierta de su espalda. Isidoro suponía que no era extraño para el comisario andar de esta manera en su propia casa, pero aún así lo tomó por sorpresa. Sobre todo por lo bien que se veían sus músculos con cada movimiento que realizaba el gallego.
—Buenos días—saluda el oficial, voz grave por el sueño.
—Buenos días—responde Freddy, girándose para ver al peliblanco acercarse—. Dame cinco minutos y termino de cocinar.
Isidoro lo miró, curioso, y sonrió de medio lado. —No me esperaba nada que fueras tan...hogareño.
El gallego imitó la sonrisa de su compañero. —Es sólo un desayuno, pavo. Llevo media vida viviendo solo. Sería más penoso no tener ni puta idea de cómo cocinar.
—Igual, tete. Cocinas muy bien. Ya te puedes casar—bromea el pelibanco, tomando asiento en un taburete para ver a Freddy trabajar.
—Boff, que pereza. No tengo tiempo para esas cosas.
—Pues serías una buena pareja, tete. Te encanta andar de frío y duro por ahí pero luego tienes tu lado suave.
Freddy lo mira, cejas unidas en confusión.
—Pavo, yo soy de todo menos suave.
El peliblanco suelta una risita. —¿Te tengo que recordar que me andabas haciendo caricias en la mano para dormirme en el hospital? ¿Que me dejas quedarme en tu apartamento mientras me recupero? ¿Que me cocinas y que me curaste las heridas?
Incrédulo, el comisario pestañea un par de veces. ¿Era realmente Isidoro tan denso? ¿Creía que Freddy hubiera hecho eso con cualquier compañero de comisaría? ¿No se daba cuenta que él era el único recipiente de la amabilidad del gallego?
—Aún no me conoces, neno—le dice, suspirando.
Freddy se giró, volviendo a concentrarse en la comida que estaba preparando. Isidoro miró a su compañero, sin entender muy bien a qué se refería.
Poco después, Trucazo puso un plato de pancakes frente al oficial, cosa que hizo sonreir a Isidoro.
—Deja de poner cara de gilipollas y come. Tengo que salir más temprano hoy, así que me voy a cambiar.
Sin más, Freddy se gira y comienza a caminar en dirección a las escaleras.
—¿No vas a comer?—pregunta el peliblanco mientras se aleja.
—Yo no desayuno, neno.
Lo que significaba que el gallego había preparado el desayuno expresamente para Isidoro.
«Y luego dice que no es suave» piensa el peliblanco, dándole un bocado a la comida frente a él. «Que rico cocina el cabrón.»
Freddy no tenía turno en comisaría sino hasta el medio día. Sin embargo, quería salir del apartamento e irse a un lugar donde no pudiera escucharlo nadie mientras llamaba al número que había sacado del móvil de Isidoro. Aún sentía que estaba haciendo algo mal, pero no había vuelta atrás. Descubrir lo que escondía el oficial había sido su misión personal desde el inicio. Y si bien ha estado más confundido esta última semana a causa de todo lo que había pasado con Isidoro, no estaba en la naturaleza de Freddy renunciar a una investigación. Tenía que confirmar o desmentir sus sospechas; era la única manera que tenía para poder pasar página realmente y poder pensar en si quería o no algo con el peliblanco. No podía estar con alguien y sospechar de él a mismo tiempo.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
