—¿Estás seguro de esto?—pregunta Freddy por quinta vez esa mañana.
—Que sí, tete. Sé que puedo hacer el trabajo, y así recupero un poco la rutina.
Gustabo le había informado la noche anterior por un mensaje que había convencido a Holliday para que el peliblanco volviera a comisaría los días lunes, miercoles y viernes para hacer trabajo de oficina mientras terminaba su recuperación. Sin embargo, antes que nada, tenía que conseguir la aprobación de Vanessa en una constancia firmada. Asi que, ahora, Freddy lo llevaba al hospital, aunque sin muchas ganas.
Desde el accidente, se había sentido un poco sobreprotector con Isidoro. La idea de que volviera a trabajar no le terminaba de gustar. Sin embargo, también sabía que no podía hacerlo cambiar de opinión. Al igual que él, Isidoro era terco; si tenía una idea entre ceja y ceja, nadie lo haría cambiar de opinión. Y tampoco era como que tuviera argumentos de peso para querer que se quedara en el apartamento.
Lo único positivo de la situación era la posibilidad de verlo durante horas laborales. Aunque conociendo al peliblanco y su reputación, eso también significaba que tendría un mini ejército de mujeres a su alrededor. Actuarían preocupadas por su salud y recuperación, pero obviamente intentarían meterse en los pantalones del oficial.
La imagen mental lo hizo fruncir el ceño.
Antes, la idea no le hubiera molestado en los más mínimo; era algo del día a día del peliblanco, y ya se había acostumbrado a verlo y escucharlo coqueteando con cualquier mujer que se le cruzara. ¿Ahora? Bueno, tal vez era porque lo había tenido casi por dos semanas para él solo. Tal vez eran los besos y todo lo que habían hecho en este tiempo. O tal vez eran las palabras de cariño y el tono íntimo que usaban en sus conversaciones nocturnas, justo antes de dormir. Cual fuera la razón, Freddy no quería verlo con nadie que no fuera él. Pero al igual que no tenía derecho para pedirle que no regresara a comisaría, no era quien para pedirle que no coqueteara con nadie. Después de todo, no era como que tuvieran una relación.
Para cuando llegaron al hospital, vieron a Vanessa cruzada de brazos en la entrada. La rubia no había estado nada contenta cuando Isidoro la había llamado la noche anterior, mucho después de su horario laboral, para pedirle una cita urgente. Al igual que Freddy, la doctora creía que era demasiado pronto para volver a cualquier tipo de trabajo, pero ante la insistencia del oficial, accedió a hacer un chequeo.
—Tres semanas, te dije. Tres. Y a la mitad del tiempo ya quieres volver a trabajar. Te juro que te mataría ahora mismo, Isidoro Navarro.
El mencionado sólo se ríe.
—A ver si tú puedes hacerlo entrar en razón, pava.
—Comisario, usted sabe mejor que yo lo terco que es Isidoro. Es peor que una mula.
—Bueno, ahí tienes razón.
—Los estoy escuchando perfectamente.
—Ni que fuera un secreto, neno.
Blanqueando los ojos, Isidoro le pregunta a la doctora:—¿Cuanto tardas en darme el visto bueno?
Vanessa sonrió de labios cerrados, aunque su expresión dejaba ver que no estaba nada contenta.
—No me apresures, Isidoro. Y agradece que estoy accediendo a esta estupidez y no te di un no rotundo.
—No te enojes, teta—le dice, riéndose.
—Te haré un exámen físico para ver qué tal está la movilidad de la zona. Con base a eso, decidiré si te doy o no un permiso provisional.
—¿Provisional por qué?
—Porque no confío en ti ni que me paguen, Isidoro. Te haremos una resonancia magnética para ver el verdadero progreso de la herida, pero los resultados estarán listos en dos o tres días. Cuando tenga esos resultados, entonces hablamos del permiso definitivo.
ESTÁS LEYENDO
Bloom
Storie d'amoreLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
