Las famosas cinco etapas del duelo son la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. No todos pasan por todas las etapas ni en el mismo orden.
Isidoro, en pocos momentos, pasó por cuatro de esas. Todas menos la aceptación.
El primer impulso del peliblanco fue intentar llegar hasta el edificio. Su cerebro seguía gritando que salvara a Freddy. Que tenía que encontrarlo y estar a su lado y protegerlo. Pero aunque su mente estaba en caos total e intentaba darle mil órdenes a su cuerpo para que se moviera, Isidoro no podía. Estaba en shock. Estaba en negación. No podía creer que así era como acababa todo. Así era como perdía a Freddy.
Casi parece imposible que hace menos de 24 horas había estado con Freddy, confesando sus sentimientos y pidiéndole que fueran una pareja. No sabía que sería la última vez que hablaría con él. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera ido del apartamento? O mejor aún, ¿Qué hubiera pasado si nunca le hubiera pedido ese beso la noche de la discoteca? ¿O si nunca lo hubiera amado? Ahora mismo, seguramente, Freddy seguiría con vida. No se hubiera convertido nunca en uno de los objetivos de Daniel.
Y si lo habían matado había sido justamente porque Isidoro se había atrevido a quererlo. Todo era culpa suya. Sabía que estaba poniendo en peligro a Freddy, pero se dejó llevar por sus sentimientos. Se dejó llevar por las palabras de Gustabo y del mismo Freddy, asegurándole que nada malo pasaría. Era culpa de todos. Pero más aún de Daniel. Del maldito enfermo que se empeñaba en creer que el único hombre en la vida de Isidoro tenía que ser él. El psicópata al cual Isidoro había metido en su vida. Así que, realmente, ¿quién tenía más culpa? ¿Daniel o el mismo Isidoro? Daniel era como era, e Isidoro lo sabía. ¿Podía culpar a alguien más, siendo que él sabía perfectamente a lo que estaba exponiendo a Freddy? Isidoro había sido un idiota en pensar que podía proteger al hombre que amaba. Ya se lo había advertido Karla. "Haría bien en recordar las consecuencias que eso puede traer. Para usted y para el comisario". Y "Espero que esta vez sea capaz de proteger a las personas que le importan". Pero no pudo. Una vez más, Isidoro les había fallado.
Y para perderlo así, hubiera sido mejor nunca haberlo amado.... Aún así, la idea de no amar a Freddy también dolía. Vivir sin quererlo le parecía tan imposible como vivir sin él, y la noción de que ahora debía aprender a existir en un mundo donde no estaba lo amenazaba con mandarlo al suelo. Su cuerpo finalmente se quedó sin fuerzas; el peso de todo lo que estaba viviendo y pensando era demasiado para él. Gustabo tuvo que sujetarlo para que no cayera. Y cuando estuvo entre los brazos de su amigo, lloró. Lloró y gritó como nunca antes, como si le arrancaran el alma a trozos. Y es que eso era lo que pasaba, porque en esa explosión estaba el amor de su vida, la persona que más había amado. La tristeza y agonía que sentía en esos momentos no podían ponerse en palabras.
***
Horas antes, Freddy había dejado comisaría para irse a casa. Había estado tentado en hacer horas extras, pero al final decidió que no era la mejor idea. Tenía la cabeza hecha un lío, y el único pensamiento recurrente parecía ser Isidoro y su confesión. No podía concentrarse en nada del trabajo, y había estado distraído en todo su turno. Ver al peliblanco por comisaría o en algunos operativos tampoco había sido de mucha ayuda. Quería hablar con él, quería abrazarlo, quería besarlo y pedirle que no se fuera, pero primero tenía que batallar con él mismo. Eliminar esa vocecilla que le decía que el amor era sinónimo de debilidad, que los sentimientos eran una carga.
Sin embargo, cuando llega al apartamento, el silencio, la oscuridad y la soledad que lo reciben son el doble de inclementes y dolorosas que tener que ver a Isidoro desde lejos. Su ausencia era extremadamente notoria.
Intentó despejar su mente cocinando, pero ya estaba tan acostumbrado a Isidoro que acabó cocinando para dos sin darse cuenta. Intentó ver una película para distraerse, pero las historias ya no le interesaban en lo más mínimo; sólo parecía disfrutarlas en compañía del peliblanco. Intentó jugar algo en la Play, pero todos los juegos se le hacían aburridos. Intentó irse a dormir y así, finalmente, parar de pensar, pero el sueño lo eludía, y su cama aún olía a su amante.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
