Capítulo 41

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Isidoro había luchado para encontrar el sueño. La mansión se sentía muy extraña, innecesariamente grande y muy sola y silenciosa. Y cuando intentó irse a dormir, la cama se le hizo muy incómoda. Muchas veces se encontró a sí mismo girándose para buscar el cálido abrazo de Freddy sólo para encontrarse con la fría nada a su lado.

El sueño lo eludía. Quería estar en casa. Porque casa ahora era donde estaba Freddy.

Cuando por fin pudo quedarse dormido, sólo pudo descansar una o dos horas antes de que el sonido de su móvil lo despertara.

Los párpados le pesaban más que nunca, sus ojos luchando por no cerrarse.

Tomó el móvil al tiempo que la llamada se va buzón. Unos segundos después, vuelve a sonar, y el nombre "Chica 15" brilla en la pantalla. Si no tuviera tanto sueño como lo tiene ahora, se habría puesto de mal humor.

—¿Karla?—contesta la llamada. Separa el móvil de su oreja para ver la hora. 3:17 a.m.—Son las tres de la mañana.... Qué—

Antes de poder preguntarle qué quería, la voz de la mujer lo interrumpe. —Va a matar al comisario.

Fue como si le hubieran tirado un balde de agua fría encima. Por un segundo, sintió que seguía dormido. Deseó seguir dormido. Que todo esto fuera una retorcida pesadilla. Pero no. Estaba más despierto que nunca, con el corazón en la garganta.

El miedo amenaza con dejarlo congelado, en shock, por lo que se obliga a abandonar la cama. Tenía que moverse, o luego no sería capaz de hacerlo.

—¿De qué estás hablando? ¿Está en la isla?

Había confiado en que Karla o Luisito fueran capaces de avisarle con tiempo si Daniel abandonaba España, pero tal vez se había equivocado.

No, no. Tiene a alguien en Los Santos—explica la mujer en tono apresurado—. Lo acabo de escuchar hablar por teléfono. Van a poner explosivos en el apartamento de Trucazo. Ya mismo. Quiere matar a Freddy hoy.

Era la primera vez desde que conocía a la mujer que la escuchaba perder su actitud tranquila. Siempre parecía tener todo bajo control. Siempre parecía sin sentimientos. Ahora, la pelirroja sonaba asustada, nerviosa, ansiosa. Y eso sólo hacía que Isidoro entrara más rápido en pánico.

—¿Por qué cojones...?—El peliblanco iba a preguntar por qué justo esta noche, por qué tan de repente. Pero era obvio. Isidoro siempre había actuado bajo la presunción de que Daniel se enteraría de todos sus movimientos. Por eso había estado tan reacio a tener algo con Freddy al inicio. Sabía que el pelirrojo tenía a alguien en la isla informándole todo. Y había sido un estúpido en relajarse y pensar que Daniel no haría nada antes de pisar la isla. Isidoro era su presa, pero de Freddy se podía encargar su informante. Curiosamente, lo que había mantenido a salvo al comisario había sido el vivir bajo el mismo techo que Isidoro. Pero ahora que el peliblanco estaba en la mansión, no había razón para no matar a Trucazo.—Olvídalo. Gracias por avisarme. Ya me haré cargo.

Cortó la llamada sin esperar a ver si Karla tenía algo más que decir. Y aunque su voz sonó estable mientras dijo esas últimas palabras, Isidoro se sentía de todo menos estable.

No podía perder a Freddy ahora. No podía perderlo nunca.

Su siguiente par de llamadas fue a Freddy, pero al igual que la pelirroja, no tuvo suerte. En el estado mental en que estaba Isidoro, escuchar el mensaje automático del buzón de llamadas sólo lo hacía sentirse peor.

Apresuradamente y con algo de torpeza, se puso un par de zapatos y una camiseta.

Antes de salir de la mansión, llamó a Gustabo. Al dormir en comisaría, podía llegar primero que Isidoro. Y justo ahora, su peor enemigo era el tiempo.

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