Gustabo se ríe. —Al menos eres sincero. Se te nota que te gusta.
—¿Te vas a seguir riendo o me vas a dar un consejo?—se queja el peliblanco, avergonzado.
Si bien había llegado a términos con la idea de que le gustaba Freddy, seguía generandole nervios admitirlo en voz alta. Con las mujeres no era nunca así porque él era el dominante de la relación; era el que las ponía nerviosas a ellas. Con Freddy, por otro lado, era imposible actuar como el dominante. El gallego tenía un aura que doblega todo a su paso. Era un sentimiento nuevo, aunque no uno malo.
—Es que no sé qué quieres que te diga, tío. Claro que es egoísta estar con alguien y no advertirle que puede estar en peligro. Eso lo sabes, cabrón.
Isidoro gruñó, poniendo su rostro entre sus manos.
—Es difícil para mí hablar de mi pasado, Gustabo. No es que haya hecho nada malo. Simplemente, son recuerdos no deseados. Dolorosos. No creo que pueda contarle a Freddy aún...
—Vale. Eso lo entiendo. Ahora, ¿cómo se van a enterar de si pasa algo entre ustedes?
El peliblanco deja salir una risa sin gracia. —Porque me metí con gente complicada. No sé si la persona que está detrás de mí ya sabe que estoy en Los Santos, pero no es una cuestión de si lo averiguará o no; es una cuestión de cuando.
—No me estás entendiendo.
Al escuchar eso, Isidoro lo mira de reojo.
—¿Cómo se van a enterar si pasa algo entre ustedes mientras están en el piso más alto de un edificio, en un apartamento con vidrios inteligentes? Este es el edificio más alto de la zona. E incluso si encuentran la altura perfecta e intentan vigilarte, puedes oscurecer todos los putos vidrios y no te ve ni Dios. Realmente, nadie puede saber qué pasa en este apartamento.
Isidoro lo mira, boquiabierto. Negando con la cabeza, responde:—Ya es suficiente riesgo que vivamos juntos.
Gustabo se encoge de hombros. —Pues con mayor razón, a chuparla. Si ya están viviendo juntos, y eso es un riesgo, al menos aprovecha y haz lo que quieres hacer.
—¿Y si le pasa algo a Freddy? Nunca me perdonaría que le hicieran algo por culpa mía, Gustabo.
El rubio sonríe de lado. —No he conocido a la primera persona que pueda hacerle daño a Trucazo. Créeme cuando te digo que Freddy sabe muy bien cómo cuidarse. Y no le tiembla el pulso para defenderse. No te preocupes tanto por él.
—¿O sea que tu consejo es que folle con Freddy y que él se haga cargo de cualquier amenaza?—pregunta, alzando una ceja.
—Que puto asco das, de verdad. ¿Por qué tienes que ser tan mal hablado, tío?—se queja el rubio, poniendo cara de asco—. Yo no he dicho nada de eso. Sólo digo que te relajes un poco. Habla con él. Dile que sabes lo que pasó entre ustedes y luego deja que las cosas fluyan. Cuando te sientas más cómodo con él, le puedes contar de tu pasado y del posible peligro que acarrea estar juntos.
—No sé, tete...
—Isidoro, no tiene sentido negarte un futuro por andar encerrado en tu pasado.
—Ya, tío, pero, ¿y si no le gusto en lo más mínimo?
Gustabo blanquea los ojos. —¿Pero tú eres ciego? ¿Acaso no has visto cómo actúa Freddy contigo?
—¿Fastidiado? ¿Con ganas de pagarme cinco porrazos?
—También—se ríe el rubio—. Pero contigo es... No sé. ¿Tierno? A lo que quiero llegar es que dudo mucho que no sienta nada por ti.
—¿Te ha dicho algo de mí?
ESTÁS LEYENDO
Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
