Capítulo 28

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Cuando Isidoro se levantó a la mañana siguiente, el espacio junto a él en la cama estaba vacío. En el apartamento reinaba el completo silencio, y no parecía que Freddy estuviera en casa.

Tenía que admitir que había esperado encontrar al gallego aún a su lado cuando se despertara. Encontrarse sólo no únicamente en la cama sino en el apartamento entero lo hacía sentir como que la noche anterior nunca pasó.

Aunque entendía que no eran pareja, y el gesto de dormir y despertar juntos se solía reservar para personas especiales. Pero el hecho era que para Isidoro, Freddy era especial. Era la persona que le gustaba, después de todo. Así que, obviamente, su humor no era el mejor mientras bajaba las escaleras.

Tan pronto como el peliblanco llega el pie de las escaleras, las puertas del ascensor se abren, regalándole a Isidoro la imagen de Freddy vestido en ropa de ejercicio pegada a su cuerpo, cabello largo recogido en una pequeña coleta. Isidoro nunca había visto a Freddy con el cabello de esa manera, pero tenía que admitir que se veía exquisito.

Sacándose los audífonos de los oídos y entrando al apartamento, Freddy saluda al oficial:—Buenos días, pavo. Te levantaste más temprano que ayer.

Isidoro seguía quieto cerca de las escaleras, mirando absorto la pura belleza que era el hombre frente a él. Y ante la idea de que había tenido su boca sobre él, sus manos por todo su cuerpo, el peliblanco sentía un pequeño asomo de orgullo. Orgullo por saber que Freddy, el mismo que podía estar con cualquiera que escogiera, había estado con él.

A Trucazo no le pasa desapercibida la manera en que el menor lo miraba, como parecía querer devorarlo ahí mismo. Y Freddy estaba seguro que, de estar completamente sano, el oficial habría intentado algo.

Sonriendo de medio lado, el pelinegro se acerca hasta donde está su compañero, tomándolo de la nuca y plantando un beso en su boca. El contacto no fue prolongado, pero aún así logró sacar su suspiro de sorpresa por parte de Isidoro.

Sonriendo luego del beso, el peliblanco pregunta:—¿Y eso?

Freddy simplemente se encoge de hombros, caminado hasta la cocina.

—Me dieron ganas de besarte. ¿No puedo?

Isidoro no responde, caminado hasta uno de los taburetes de la cocina.

Le gustaba que Freddy sintiera la libertad y confianza como para besarlo simplemente porque le dieron ganas de hacerlo. Ambos habían estado conteniendo las ganas que tenían del otro. Aún cuando se decían cosas con doble sentido o coqueteaban, ninguno de los dos había decidido actuar sus deseos hasta anoche. Aunque sería sumamente peligroso hacer eso en lugares donde los pudieran ver. De momento, aprovecharía la seguridad del apartamento para dar rienda suelta a sus antojos.

—¿Algo específico que quieras desayunar?—pregunte Freddy, revisando lo que tenía en el refrigerador.

Sin darle tiempo a su cerebro de filtrar sus ideas, el peliblanco contesta:—A ti.

El pelinegro se gira para mirarlo, cejas alzadas en sorpresa. Si bien el peliblanco era lanzado con sus conquistas, había demostrado ser mucho más pasivo en cuanto a Freddy se trataba. No esperaba que vociferara sus deseos de esa manera tan natural. Aunque bueno, suponía que él no era mucho mejor, besándolo sin previo aviso solo porque le parecía que se veía jodidamente atractivo con el cabello revuelto luego de levantarse.

Le gustaba que el oficial le dijera esas cosas. Tenían un efecto en él. Al igual que cuando le dijo que lo quería probar, que ahora le dijera que lo que quería "comer" era a él hacía que su cerebro reaccionara, encendiendo su libido.

Isidoro no estaba acostumbrado a ser tan tímido, pero con Fredy parecía salir natural. Puede sentir el calor subir a su rostro al ver la sonrisa que pone el gallego. Gruñendo, se cubre la cara con las manos, murmurando:—Ignora eso.

BloomDonde viven las historias. Descúbrelo ahora