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La navidad llegó y los tres se la pasaron entre risas, en especial Kei que durante todo el día se la pasó cantando villancicos junto a Denki, Eijiro solo los grababa para tenerlo de recuerdo.

Salieron al parque a jugar un rato, la cuidad estaba cubierta de nieve, así que Kei empezó a hacer muñecos con la ayuda de Denki, después de eso empezaron una guerra.

A su regreso disfrutaron de algunas películas, Kei se encontraba en medio de los dos, él era quien tenía el recipiente con las palomitas. Se sentía amado y por fin sentía lo que era un familia.

Para la tarde, Denki calentó agua y lo bañó para ponerle la pijama que habían comprado. Mientras tanto Eijiro se encontraba terminando de arreglar la mesa.

Denki de igual manera se bañó y bajó junto a Kei para ayudar a Eijiro en lo que le faltara. Cuando terminaron, el alfa se fue a bañar para también alistarse; en lo que él terminaba, Kei se encontraba comiendo algunos caramelos de bastones que estaban en su árbol de navidad.

Eijiro bajó para ahora si convivir en armonía y felicidad, cenaron muy animados disfrutando del ambiente tan cálido que estaban creando. Al término de la cena, Kei quedó muy exhausto por lo cual Denki lo cargó entre sus brazos y lo llevó a su habitación; lo acostó en su cama y lo cobijó no sin antes darle un beso en su frente.

Eijiro miró esa escena desde el marco de la puerta y sintió su corazón acelerarse, sin duda, Denki era el omega que necesitaba para su vida.

A la mañana siguiente, Kei se levantó rápido para ir hacia la habitación de Denki, este se encontraba dormido cuando de pronto sintió que alguien se subió a su cama, abrió los ojos y pudo ver al pequeño con una sonrisa enorme.

—Kei, buenos días—esbozó una sonrisa a pesar de que sentía pesadez en sus ojos.

—Te tengo un regalo mamá—sus manos se encontraban hacia atrás, así que las posicionó hacia enfrente dejando ver una cajita. —Bueno, papá Eijiro me ayudó a escogerlo para ti, toma—lo extendió más cerca.

Denki lo tomó con una sonrisa. —Kei, no te hubieras molestado—abrió la caja y dentro de ella se encontraba una pulsera.

—Gracias por llegar a mi vida y a la de mi papá, tú eres la estrella en el arbolito de navidad.

Sus palabras hicieron que el corazón de Denki se hiciera chiquito, era tanta la felicidad que Kei le daba, sonrió para después abrazarlo.

—Te quiero mucho Kei, incluso como mi propio hijo.

El niño solo sonrió, él desde el primer día había agarrado tanta confianza y cariño, algo dentro de él le agradaba, tal vez su olor. Aunque aún no lo sabía diferenciar, ya que todavía no sabía si sería omega o alfa.

Después del abrazo, Kei lo ayudó a ponerse la pulsera, pero de nuevo Denki lo abrazó, lo quería tanto que las palabras no alcanzaban para expresar.

Denki le dió su regalo, el pequeño lo recibió gustoso así que lo abrió al instante, era un carro de control remoto que quería desde que lo vio en los comerciales de la televisión.

Se quedaron un rato en la cama, posteriormente Denki se puso de pie para cambiarse la pijama por algo más cómodo y caliente, ya que estaba algo fresco, aunque con la calefacción casi no se sentía.

Cuando finalmente estuvo arreglado, ambos bajaron hacia la cocina, Eijiro se encontraba colocando el desayuno en la mesa, por alguna razón, las feromonas de Denki estaban disueltas por toda la casa, así que supo de inmediato cuando entró al comedor.

—Buenos días—esbozó una sonrisa.

—Buenos días Kiri—respondió Denki que llevaba de la mano a Kei.

Mi Nueva Mamá Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora