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No tuvieron luna de miel, ya que se habían adelantado un poco, eso sí, Eijiro había marcado a Denki esa misma noche de su boda. Pues ahora sí, sería oficialmente su omega.

Los días pasaban y el vientre de Denki crecía y crecía, su mamá como su suegra lo iban a visitar para enseñarle a cómo cambiar el pañal e inclusive a cómo cargarlo.

Por las tardes, salía a caminar con su familia, pues su obstetra le había recomendado caminatas matutinas o nocturnas. Kirishima siempre estaba al pendiente de él y haría todo lo posible para tenerlo contento.

Se encontraban recostados en la cama, el reloj marcaba las 11 de la noche, Kei ya dormía en su propia habitación, pues tenía miedo de lastimar a su mamá, incluso Eijiro también, siempre trataba de colocar almohadas entre ellos y al costado de Denki para que no se cayera.

Denki se despertó y miró a su esposo quien yacía dormido profundamente, pues ahora que estaban casados habían decidió juntar sus empresas, lo que significaba que había más trabajo. Se sentía un poco mal porque por su embarazo no podía ayudarlo.

Así que se puso de pie y Eijiro abrió los ojos inmediatamente cuando sintió más liviana la cama, noto como Denki estaba sentando tratando de ponerse las pantuflas.

—¿A dónde vas, rayito?—se puso de pie rápidamente para ayudarlo a colocarse las pantuflas. —¿Vas al baño? Vamos.

—¿Te desperté? Perdón.

—No, no te disculpes—le sonrió. —Ya te dije que me despiertes si ocupas algo.

—Pero, estabas tan tranquilo y sé que te cansas mucho—acaricio su mejilla—perdón por ser un inservible.

—Amor. No lo eres, no lo vuelvas a decir—frunció un poco el ceño.

—Es que, es lo que soy. Te dejo todo el trabajo de la empresa porque ahorita no puedo, eso me hace sentir mal.

—Recuerda que tú también trabajas, debe de ser muy difícil cargar con Emi y Ami—llevó su mano a su vientre para acariciarlo y posteriormente dejar un beso.

Denki solo sonrió, la sensación de sus labios le causaban un cosquilleo. —Un poco y más cuando patean, tienen una fuerza inigualable.

—Me imagino—elevó la vista para sonríe. —Vamos al baño, ya te retrase—se reincorporó poniéndose de pie.

—No. Ha decir verdad—se rascó la mejilla—iba por helado—dijo avergonzado.

—Oh, entiendo. ¿Antojo?

Denki asintió con vergüenza y Eijiro soltó una risa. —Quédate aquí, iré por el helado.

—Pero-...

—Anda, recuéstate. Espérame aquí, no tardo—se acercó a él para besar su frente y posterior a eso, salió de la habitación para bajar a la cocina.

Últimamente tenía de todo tipo de comida en su refrigerador, pues no sabía que antojo tendría. Como una vez que quiso comer unos dulces ácidos, batalló para encontrarlos porque a esa hora ninguna tienda estaba abierta.

Abrió su refrigerador y buscó el helado pero no lo encontraba, siguió buscando pero no apareció, después dirijo su mirada hacia el bote de basura, curiosamente allí estaba el recipiente vacío.

—No puede ser. Se me acabó de helado—dijo desesperado, fue corriendo hacia la sala para tomar el teléfono y marcar a la casa de Bakugou-Midoriya.

Esperó pacientemente a que alguien respondiera, después de unos segundos alguien contestó.

—¿Quién mierda marca a esta hora?—era la voz de Bakugou, de seguro lo había despertado ya que él solía dormirse muy temprano.

—Perdón bro, necesito ayuda.

—No, no tengo condones. Además ya ni los ocupas.

—Eso no—se ruborizó—es que, a Denki le dio antojo, pero el helado se acabó.

—Para esa mamada me hablas a esta hora, vete a la mierda—le colgó.

Eijiro se quedó con el teléfono cerca de su oreja, pues sabía que en cuestión de segundos su amigo le volvería a marcar.

—Pelos de mierda. Tienes suerte, vente por el helado ahora mismo.

—Gracias bro—colgó el teléfono.

Después de algunos minutos de espera, Denki ya estaba algo desesperado, ¿por qué tardaba mucho? Así que intento ponerse de pie, pero en ese instante la puerta se abrió dejando ver a Eijiro, parecía algo agitado y tenía las llaves en una de sus manos.

—Llegue—camino bofeado hacia él y colocó las llaves en un mueble—perdón si tarde, es que, ya no había helado y tuve que ir a conseguir.

—¿En verdad? Oh, es cierto. Creo que hace rato me lo terminé con Kei—sonrió nervioso—perdón.

—No te preocupes, amor—se sentó a su lado entregándole el bote junto a una cuchara—yo haré hasta lo imposible por ustedes, pídeme lo que quieras.

—Gracias—lo tomó y empezó a comerlo feliz.

Eijiro soltó un suspiro, pues se había cansado de ir tan rápido, pero ver la felicidad de su esposo, sabía que había valido la pena cada segundo.

A la mañana siguiente, Kei se adentró a su habitación para despedirse e irse a la escuela, esa era su rutina; siempre llegaba con nuevos dibujos para sus hermanas, aunque por ahora no podían verlos.

Los cambios de humor en Denki empeoraban, regularmente se sentía triste por todo, se la pasaba llorando y cada vez que sentía que su ropa no le quedaba, se deprimía. Pero, para eso estaba Eijiro, para brindarle apoyo incondicional.

—Cariño, no estás gordo—le hablaba a Denki quien estaba sentado en la cama con una cobija cubriendo todo su cuerpo.

—Claro que si. Así ya no te gustaré—sollozaba.

—Amor, sabes que es por el embarazo. Además, eres perfecto, me gustas mucho y jamás te dejaría.

—Estoy muy gordo—volvió a llorar más fuerte.

—Amor no—se sentó a su lado y logró quitarle la cobija—tú eres perfecto, recuerda que dentro de ti están nuestras hijas—acarició su vientre.

—Pero, ¿y si quedó gordo? Es que mírame, está muy grande.

—Amor, nuestras princesas están allí, por eso esta tan grande tu pancita, porque son dos. —sonrió con un poco de compresión—No quedaras gordo, además, me gusta por quien eres. Entiéndelo—siguió acariciándolo.

—¿Estas seguro?—se limpió las lágrimas.

—Seguro amor—depositó un beso en su hombro.

—Te amo—se dejó acurrucar en su alfa y Eijiro empezó a liberar feromonas para tranquilizarlo.

Kei llegaba de la escuela y subió a la habitación de sus padres, estaba media abierta así que se asomó. Al verlos tan juntos, mejor decidió no interrumpir y se fue hacia su habitación.

Solo faltaban algunos días para el nacimiento de sus hermanas, así que, podría esperar.

Mi Nueva Mamá Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora