Capítulo 13

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Muy pronto.

A tan solo unos pasos de llegar a casa, Arián se detuvo, observando el cielo teñido de tonos anaranjados por el atardecer. Una idea cruzó su mente y le arrancó una sonrisa. Recordó que su mejor amigo le había recomendado un restaurante exclusivo, conocido tanto por su exquisita comida como por su atmósfera relajada. "Esto podría ser justo lo que necesitamos para desconectar", pensó, mientras sacaba su teléfono del bolsillo.

Marcó rápidamente el número de Eros. La llamada no tardó en ser respondida; su esposo siempre atendía sus llamadas, incluso en los días más ocupados.

—Hola, mi amor —saludó Arián con su tono dulce y despreocupado.

—Hola, cariño —respondió Eros, y aunque intentaba sonar tranquilo, Arián detectó el cansancio en su voz—. ¿Todo bien?

—Sí, sí, todo bien. Pero estaba pensando... ¿por qué no salimos a cenar esta noche? Hay un restaurante que quiero probar, uno que me recomendó Danilo. Creo que te gustará.

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que Eros respondiera, y Arián pudo imaginarlo masajeándose el puente de la nariz, un gesto típico cuando dudaba si debía dejarse llevar por sus sugerencias ya que a veces se le ocurrían cosas bastantes locas.

Como esa vez que se le ocurrió tirarse de un paracaídas, por que se encontraba aburrido y en esa travesía fue arrastrado Eros.

—No suena mal. Después del día que tuve, creo que una cena tranquila sería justo lo que necesito —aceptó finalmente.

Arián no pudo evitar sonreír ampliamente, satisfecho con su pequeña victoria.

—Perfecto. Te mando la dirección. Nos vemos allí, en la entrada.

—Está bien. Llegaré en unos minutos.

Tras colgar, Arián llamó un taxi, dispuesto a disfrutar de la noche. Durante el trayecto, se permitió imaginar la velada perfecta: una comida deliciosa, una conversación ligera y la oportunidad de ver a Eros relajado por fin. Aunque sus vidas eran muy diferentes, siempre encontraban formas de conectarse y apoyarse mutuamente.

Cuando el taxi se detuvo frente al restaurante, Arián bajó con elegancia, llevando consigo esa energía tranquila y sofisticada que lo caracterizaba por ser un omega. Ahora solo quedaba esperar a Eros y disfrutar juntos de lo que prometía ser una noche especial.

En otro lado de la ciudad, Ilay estaba inquieto. Había algo en el aire, un presentimiento extraño que no podía sacarse de la cabeza. Su corazón latía más rápido de lo normal, y aunque intentaba convencerse de que no era nada, no lograba calmarse. Era como si su cuerpo supiera algo que su mente aún no podía entender.

Ya le habían explicado el plan con lujo de detalles. Sabía exactamente lo que tenía que hacer, pero eso no aliviaba la presión que sentía en el pecho. Ahora, lo único que quedaba era esperar. Decidió sentarse en una esquina poco concurrida, un lugar donde podía pasar desapercibido. Se quitó la mochila de los hombros y la colocó cuidadosamente sobre su regazo. Sabía que Inti estaba escondido ahí dentro, acurrucado entre un par de mantas para mantenerse cómodo y cálido.

—Todo estará bien, Inti —susurró, acariciando suavemente el bulto de la mochila, como si el simple acto de hablar con su amigo de cuatro patas pudiera tranquilizarlo.

De repente, un movimiento llamó su atención. Levantó la vista y vio a alguien acercarse. Se trataba de una anciana que Ilay reconoció al instante. Era la misma a la que había ayudado a cargar sus compras hacía un par de semanas. Se decía que era muy extraña; en el barrio, las personas solían evitarla, murmurando cosas sobre su aire misterioso y su mirada penetrante.

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora