Capítulo 39

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"Que tipo más odioso" 

En otro lado, Jonh seguía hundiéndose más en sus problemas. Al segundo día, justo cuando intentaba relajarse en el sofá con una cerveza barata en la mano, el sonido de golpes fuertes en la puerta lo sobresaltó. Los golpes eran firmes, decididos, y casi parecían una advertencia.

Con un pesado suspiro, Jonh dejó la cerveza a un lado y se levantó tambaleante. Sabía quiénes eran.

—¡Ya va, ya va! —gritó mientras se acercaba a la puerta, tratando de ganar unos segundos para calmarse.

Cuando abrió, dos alfas imponentes lo miraron con expresión dura. Eran altos, corpulentos, y sus cuerpos estaban cubiertos de tatuajes que hablaban de su peligrosa afiliación, eran los mismo de aquella vez que entro en ese lugar, les temía no había duda, pero lo hecho hecho esta y debía salvarse y si eso significaba sacrificar a otros a él no le importaba. 

Sin decir una palabra, uno de ellos empujó la puerta y entró como si la casa fuera suya. El otro lo siguió sin titubear.

Jonh se apartó, levantando las manos en un gesto de rendición.

—Sabía que vendrían, pero ¿tan pronto?

El alfa que lideraba el grupo lo miró con frialdad, su voz grave y autoritaria.

—Sabes que no nos gusta perder el tiempo, Jonh. Estamos aquí por la información del mocoso. Más te vale que nos des algo útil, o esto se pondrá feo, nosotros ya tenemos algo pero necesitamos más, por ejemplo una foto de él.

Jonh tragó saliva con fuerza. Había esperado esta visita, pero eso no hacía la situación menos aterradora. Tenía suerte de que Bárbara estaba trabajando en el hospital en ese momento. Si ella estuviera allí, las cosas serían aún más complicadas.

—Está bien, está bien, cálmense —dijo con voz temblorosa mientras caminaba hacia un pequeño cajón en la cocina. Lo abrió y sacó una carpeta desgastada, sus manos temblando levemente.

El alfa levantó una ceja, impaciente.

—¿Eso es todo?

—Esto tiene todo lo que necesitan saber sobre el niño, ademas lo que ustedes averiguaron por su parte sera más que suficiente, necesito encontrarlo con urgencia —respondió Jonh, extendiendo la carpeta hacia ellos. Su tono era más firme de lo que realmente se sentía por dentro.

Jonh sostenía la carpeta con manos temblorosas, su mente un torbellino de dudas. ¿Debería realmente entregarla? Apenas tuvo tiempo para considerar, pues el alfa corpulento la arrebató con fuerza, su mirada fría e implacable clavada en Jonh por un instante.

El hombre abrió la carpeta sin prisa, pero el ambiente se tensó de inmediato. Fue como si el tiempo mismo se detuviera. Desde el fondo del pasillo, el tic-tac del reloj cesó abruptamente, y un viento violento se coló por la ventana deteriorada, haciendo que las cortinas ondearan como banderas en un campo de batalla.

El alfa corpulento miró detenidamente el contenido de la carpeta, y algo en su expresión cambió, aunque fue difícil saber qué. Sus ojos, duros y calculadores, se desviaron hacia Jonh, y después asintió lentamente, como si confirmara algo importante.

—Esto servirá —gruñó con voz grave, cerrando la carpeta con un golpe seco.

Sin más palabras, él y su compañero se dieron la vuelta y caminaron hacia la puerta con pasos firmes. El sonido de sus botas contra el suelo resonaba en la pequeña y desgastada casa, como un eco que se quedaba grabado en las paredes.

Cuando la puerta finalmente se cerró tras ellos, Jonh dejó escapar todo el aire que, sin darse cuenta, había estado conteniendo. Su pecho subía y bajaba rápidamente, como si acabara de escapar de una sentencia fatal. Con un movimiento lento y agotado, se dejó caer en el sofá, cubriéndose el rostro con las manos.

—¿Qué demonios he hecho...? —susurró para sí mismo, su voz cargada de miedo.

con la mirada perdida en el techo desvencijado de su sala. El peso de lo que acababa de hacer lo aplastaba como una losa imposible de levantar. Sabía que había metido la pata hasta el fondo. Esta vez no se trataba de un simple problema que pudiera ignorar o esquivar; era una bomba de tiempo.

Su mente trabajaba a toda velocidad, buscando desesperadamente una salida. ¿Qué pasaría cuando esos hombres descubrieran que los había engañado? No podía dejar que eso ocurriera, pero también sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que lo averiguaran.

—Necesito dinero... mucho dinero —murmuró, como si decirlo en voz alta fuera a traerle una solución.

Sin embargo, la realidad era clara: no tenía ni un centavo, ni mucho menos una forma honesta de conseguir una suma suficiente para saldar sus deudas. La idea de enfrentar a aquellos alfas una vez más lo hizo estremecer. El pensamiento de lo que podrían hacerle si descubrían la verdad era aterrador.

Se levantó de golpe del sofá y comenzó a caminar de un lado a otro de la sala, como un animal acorralado buscando una salida.

—Tiene que haber una forma... algo que pueda hacer. —Su voz sonaba desesperada, y por un instante, sus ojos se dirigieron hacia la puerta. ¿Y si huía? Pero sabía que no era una opción real. Esas personas tenían ojos en todas partes; no importaba a dónde fuera, lo encontrarían.

Jonh tragó saliva y pasó una mano por su cabello desordenado. La presión era insoportable. Tendría que hacer algo drástico, algo que jamás hubiera considerado antes.

—Tal vez... —murmuró, mientras una idea peligrosa comenzaba a formarse en su mente. No era seguro, ni mucho menos inteligente, pero cuando estás al borde del abismo, cualquier cosa parece mejor que caer.

Apretó los puños y respiró hondo, tratando de calmarse. Jonh sabía que su tiempo se agotaba y que tendría que actuar rápido si quería salvarse. Lo que no sabía era que cada paso que daba en este camino lo llevaba más cerca de su ruina definitiva.

[.....]

En otro lugar, arián sonrió al ver a Ilay tan absorto frente a la televisión. El pequeño ni siquiera había notado que él se acercaba con una cucharada de sopa caliente. Era una imagen reconfortante verlo relajado, con esa chispa de curiosidad y alegría en sus ojos.

En la pantalla, un grupo de cachorros animados vestía trajes de superhéroes, resolviendo problemas y salvando el día. Ilay reía cada vez que uno de ellos hacía algo gracioso, y Arián no pudo evitar notar lo feliz que parecía en ese momento, como si por un rato hubiera olvidado todo lo malo que había vivido.

—¿Te gustan? —preguntó Arián en tono suave, acercando la cuchara a los labios de Ilay.

El niño apenas apartó la mirada de la pantalla para contestar.

—Sí, son geniales. Tienen poderes... y ayudan a todos. —Su voz llevaba un tono de entusiasmo, algo raro en él, pero también algo que a Arián le encantaba escuchar.

Aprovechando que Ilay abrió la boca para hablar, Arián deslizó la cucharada de sopa.

—¿Y cuál es tu favorito? —preguntó, fingiendo interés en el programa aunque ya sabía la respuesta.

Ilay se tomó unos segundos para pensar, frunciendo el ceño mientras señalaba a la pantalla.

—Ese —dijo finalmente, apuntando al perrito que llevaba una mochila de herramientas. —Es el más listo. Siempre sabe qué hacer.

Arián asintió, sonriendo, y continuó dándole pequeñas cucharadas de sopa. Por un momento, el ambiente era tranquilo. Sin embargo, en el fondo, Arián sabía que Ilay aún llevaba consigo muchas heridas, no solo físicas, sino también emocionales.

:) Alguien sabe que dibujito es?  jajaj

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