"conociéndote"
Ilay iba tan distraído mirando por la ventana que no se dio cuenta de cuándo el auto se detuvo. Estaba absorto en los edificios altos y en las luces que iluminaban la ciudad, un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrado.
Cuando de repente el auto se detuvo.
—Hemos llegado, pequeño —anunció Eros con una sonrisa, girándose para mirarlo.
Ilay parpadeó y volvió la mirada hacia sus nuevos supuestos tutores. Arián ya había salido del auto y rodeaba el vehículo para abrir la puerta donde Ilay estaba sentado.
—Vamos, osito. Hora de bajar —dijo Arián, extendiéndole la mano.
Ilay dudó un momento, aún asimilando todo lo que veía a su alrededor. Finalmente, soltó el muñeco que llevaba en sus brazos, desabrochó los cinturones con la ayuda de Arián y tomó su mano para salir.
Ilay estaba completamente boquiabierto. Durante el trayecto había pasado por enormes edificios que parecían tocar el cielo, pero luego de un rato dejaron de aparecer y, de repente, se encontraron en una zona mucho más tranquila, aunque igualmente impresionante. Lo que veía ahora frente a él era inimaginable: una enorme mansión de estilo romano, con columnas majestuosas y extensos jardines perfectamente cuidados que parecían sacados de una película.
—Wow... —susurró Ilay, incapaz de apartar la mirada de la imponente estructura.
Eros y Arián intercambiaron una mirada llena de ternura y diversión al ver la expresión de asombro en su rostro.
—¿Te gusta? —preguntó Arián, inclinándose ligeramente para observarlo de cerca.
Ilay asintió lentamente, todavía procesando lo que estaba viendo.
—Es... muy grande... ¿viven aquí? —preguntó con incredulidad, todavía sin creer que algo tan majestuoso pudiera formar parte de su nueva vida.
Eros sonrió, colocándole una mano en el hombro.
—Sí, pequeño. Esta es nuestra casa. Y a partir de ahora, también es la tuya.
Ilay no supo qué decir. Sus manos se aferraron al muñeco que traía consigo mientras miraba nuevamente la mansión. Nunca en su vida había soñado con algo así.
—¿Podemos entrar ya? —preguntó, esta vez con un atisbo de emoción en la voz.
—Claro que sí, osito —respondió Arián, mientras Eros caminaba al otro lado.
Ilay dio el primer paso hacia su nuevo hogar, con el corazón lleno de una mezcla de nervios y esperanza.
Cuando la gran puerta se abrió, Ilay sintió que su asombro alcanzaba un nuevo nivel. El interior de la mansión era aún más impresionante que su exterior. Todo parecía sacado de un sueño: los techos altos, las lámparas de cristal que colgaban con elegancia, los suelos de mármol pulido que reflejaban la luz y las paredes adornadas con hermosos cuadros. Parecía un castillo, pero con toques modernos que lo hacían acogedor y cálido.
Ilay dio un paso adelante, completamente hipnotizado, pero un sonido familiar lo sacó de su ensueño.
¡Guau! ¡Guau!
El ladrido resonó en el enorme vestíbulo, y automáticamente Ilay bajó la mirada. Su corazón dio un vuelco cuando vio lo que estaba frente a él. A solo unos pasos de distancia, corriendo hacia él con las orejas erguidas y el rabo moviéndose frenéticamente, estaba Inti.
—¡Inti! —exclamó Ilay, soltando el muñeco que traía en sus manos y corriendo hacia su mejor amigo.
El cachorro de husky saltó directo hacia él, y Ilay se dejó caer de rodillas en el suelo de mármol, riendo mientras lo abrazaba con fuerza. Inti lamía su cara con entusiasmo, moviéndose tan rápido que apenas podía quedarse quieto.
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Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
