"pequeñas consecuencias"
La escena en el interior del almacén era espeluznante. Las paredes estaban cubiertas de humedad, y el aire era tan frío que calaba hasta los huesos. El eco de las gotas cayendo del techo resonaba como un metrónomo siniestro.
Eros entró con paso firme, rodeado por la oscuridad y la presencia silenciosa de sus hombres. No necesitaba hablar. Su sola presencia hablaba por él. Sus ojos se dirigieron de inmediato al centro del lugar.
Allí colgaba John, atado de pies, suspendido boca abajo, cubierto de heridas secas y golpes mal curados. Su cuerpo temblaba no solo por el frío, sino por el terror que se apoderaba lentamente de él.
Los guardias rodeaban el lugar como estatuas de piedra, sin parpadear, sin moverse.
Frente a John, una vieja mesa de madera y una silla esperaban. Eros caminó hasta allí, sin prisa, como si cada paso fuera una sentencia.
Se sentó, cruzó las piernas y apoyó los codos sobre la mesa. Con un solo gesto de su cabeza, uno de los guardias se acercó, le quitó la venda de los ojos a John y le arrojó un balde de agua helada en la cara.
—¡AAAAH! —gritó John al despertar sobresaltado, jadeando, desorientado, los ojos abiertos como platos mientras trataba de entender dónde estaba.
Sus pupilas se movieron desesperadamente, hasta posarse en el rostro de Eros. Y fue como si el alma se le encogiera.
—¡No, no, no! ¡Señor Blackfux! ¡Por favor! ¡Fue un error! ¡Yo... yo no sabía! ¡No sabía que ese niño tenía algo que ver con usted! ¡Por favor, le juro que no quería hacerle daño!
Eros no respondió. Su mirada era un abismo insondable, y sus dedos tamborileaban con paciencia inhumana sobre la mesa. Tic, tic, tic...
John lloriqueaba, colgado, moviéndose como un péndulo de desesperación.
—¡Yo... no sabía que ese niño estaba relacionado con ustedes! ¡Yo solo hice lo que Bárbara me pidió! ¡Ella dijo que... que era solo un mocoso, que nadie lo quería... que no tenía más familiares, que sus padres estaban muertos!
Eros desvió la mirada, como si la voz de John le molestara.
—¿Lo ves, Salem? —dijo en tono tranquilo, como quien comenta el clima—. Sabe mi apellido, pero no tiene idea de por qué estoy aquí.
Desde la penumbra, Salem soltó una risa ronca y oscura, como si el sufrimiento fuera música para sus oídos.
—Pobre infeliz —murmuró.
Eros volvió a mirar a John. Esta vez, sus ojos brillaban con un fulgor escarlata, como dos carbones encendidos.
—Ese "mocoso", como tú lo llamas, es mi hijo. Y te atreviste a ponerle una mano encima.
El silencio que siguió fue más helado que el aire mismo.
John dejó de moverse. Su boca se quedó abierta, incapaz de emitir sonido.
Eros se levantó lentamente.
—¿Quieres saber qué tiene que ver la familia Blackfux con Ilay?
Se acercó hasta quedar cara a cara con él, sus ojos a centímetros de los de John.
—Todo.
Y con una sonrisa tan oscura como la noche misma, añadió:
—Y ahora... pagarás por cada lágrima, por cada grito, por cada pesadilla que provocaste.
Salem se acercó desde la sombra, y una caja de herramientas se abrió con un clic metálico que retumbó como un trueno.
Eros se giró para salir.
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Vuelvo a Casa.
Manusia SerigalaHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
