Capítulo 46

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"Tu aliado seré, tu escudo seré y tu seguro protector siempre seré."

A pesar de que solo habían pasado unos días desde su llegada, Ilay ya se sentía sofocado. No podía hacer nada sin que Eros o Arián estuvieran encima de él, vigilándolo como si fuera de cristal. Entendía que se preocupaban por él, pero a veces sentía que lo trataban como a un bebé.

El colmo llegó aquella tarde en la cocina. Solo quería pelar una manzana. No parecía gran cosa, ¿verdad? Había usado cuchillos antes, aunque nadie lo supiera. Sin embargo, en cuanto tomó uno del cajón y empezó a pelar la fruta con torpeza, Arián apareció de la nada, como si tuviera un radar para detectar travesuras.

—¡Ilay! —exclamó, corriendo hacia él con los ojos abiertos como platos.

Antes de que pudiera reaccionar, Arián le arrebató el cuchillo de las manos y lo dejó a un lado, mirándolo con preocupación y algo de pánico.

—¿Qué estabas haciendo? —preguntó, su tono mezclando sorpresa y regaño.

Ilay frunció el ceño, cruzándose de brazos con molestia.

—¿Qué parece? Pelando una manzana —respondió con fastidio.

—Pero podrías haberte cortado —insistió Arián, aún con el susto en el rostro.

—No soy un bebé, sé lo que hago —refunfuñó Ilay, apartando la mirada.

—Eso no significa que sea seguro —suspiró Arián, tomándolo de los hombros con suavidad—. Pequeño, hay cosas que debes aprender a hacer con supervisión. No queremos que te hagas daño.

Ilay bufó, ya harto de esa sobreprotección.

—¡No me pasará nada! Siempre me dejan aquí sentado sin hacer nada. ¡Ni siquiera puedo ir al baño sin que Inti me siga!

Arián parpadeó, sorprendido por su exasperación.

—Ilay...

—¡Déjenme hacer cosas solo! —espetó, antes de tomar su manzana y salir de la cocina con pasos pesados.

Arián se quedó allí, mirando la puerta por donde el pequeño se había ido. Suspiró y tomó el cuchillo que había dejado en la encimera, aún algo alterado.

Eros, que había estado observando desde la entrada sin intervenir, se acercó y tomó a Arián de la cintura con una leve sonrisa.

—No puedes culparlo —dijo con calma—. Está acostumbrado a valerse por sí mismo.

Arián apoyó la cabeza en su pecho, cerrando los ojos.

—Lo sé... pero me aterra que se haga daño.

Eros besó su cabello con ternura.

—Aprenderemos juntos. No podemos protegerlo de todo, pero sí enseñarle que estamos aquí para él.

Arián asintió lentamente.

—Supongo que tendré que aprender a soltar un poco.

Eros sonrió.

—Así como él aprenderá que puede confiar en nosotros.

La situación empeoro cuando Ilay estaba aburrido. Aburridísimo. Desde que había llegado a esa casa, lo trataban como si fuera de cristal. No lo dejaban hacer nada solo. Eros había salido a una reunión, dejándolo únicamente con Arián, quien intentaba entretenerlo con juegos que le parecían ridículamente infantiles.

—¿Quieres colorear? —preguntó Arián, sosteniendo un libro para pintar.

Ilay rodó los ojos.

—No, eso es aburrido.

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora