Capítulo 37

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"Paso a pasito"

Ilay se acomodó en la cama, intentando no hacer ningún ruido que pudiera despertar a Arián, quien dormía profundamente en el sofá. Observó el rostro sereno del hombre, pero no se dejó ablandar por la escena. Debía salir de allí. No podía quedarse más tiempo; necesitaba encontrar a Inti, su fiel compañero, y asegurarse de que estaba bien.

Miró a su alrededor, evaluando la habitación. Las luces bajas del hospital dejaban sombras suaves en las paredes, pero era suficiente para que Ilay pudiera orientarse. Tenía que ser cuidadoso y rápido. Con manos temblorosas, apartó las mantas que lo cubrían y trató de levantarse.

Un dolor punzante le recorrió el cuerpo al hacerlo, pero apretó los dientes para no emitir ni un sonido. No podía rendirse ahora. Inti lo necesitaba, y eso era más importante que cualquier malestar que él sintiera.

Cuando sus pies tocaron el suelo frío, Ilay se tambaleó un poco, agarrándose del borde de la cama para no caer. Miró de reojo hacia Arián, quien seguía profundamente dormido. "Menos mal", pensó. Luego, avanzó lentamente hacia la puerta.

Pero no tubo en cuenta que su brazo aun tenia el suero puesto entonces sucedió.

Ilay se congeló al escuchar el estruendoso ruido del suero golpeando el suelo. Su corazón dio un vuelco cuando vio cómo pequeñas gotas de sangre salían de su brazo comenzaba a extenderse en un pequeño charco. Antes de que pudiera reaccionar o moverse, escuchó los pasos apresurados de Arián.

—¡Ilay! —exclamó Arián, claramente alarmado. Al llegar junto a él, lo tomó con cuidado de los hombros, intentando estabilizarlo. Ilay apartó la mirada, claramente frustrado por haber sido descubierto.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó Arián, su tono suave pero cargado de preocupación—. No deberías levantarte, apenas estás recuperándote.

Ilay intentó soltarse del agarre de Arián, pero su cuerpo aún estaba débil, y no pudo moverse mucho.

—¡Déjame! —gruñó, con un deje de irritación en su voz—. ¡Tengo que irme!

Arián suspiró y, con mucha paciencia, se agachó para ponerse a la altura de los ojos de Ilay.

—Ilay, no puedes irte así. Estás herido, y necesitamos cuidarte. Si hay algo que necesitas, dímelo. Pero por favor, no hagas esto.

—¡No entiendes! —respondió Ilay, con un brillo de desesperación en sus ojos— quiero irme de aquí.

Arián apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Ilay pasó corriendo a su lado, esquivándolo con sorprendente agilidad.

—¡Ilay! —gritó, girándose rápidamente para seguirlo.

El niño, pequeño y ágil, avanzaba a toda velocidad por el pasillo, sus pies descalzos resonando contra el suelo brillante del hospital. Su cabello despeinado y su bata ondeaban mientras zigzagueaba entre los carros médicos y enfermeras sorprendidas que intentaban detenerlo sin éxito.

Arián, aunque preocupado, no podía evitar admirar la determinación del pequeño. Sin embargo, sabía que debía detenerlo antes de que se hiciera daño o se perdiera en el hospital.

—¡Ilay, espera! No es seguro que corras así, por favor, detente.

Pero Ilay no lo escuchaba. Su mente estaba completamente enfocada en un solo objetivo: encontrar a Inti y salir de aquí y volver a casa. Sentía un nudo en el pecho que solo se aflojaba con cada paso que daba hacia lo desconocido, como si el acto de correr pudiera acercarlo a su amado cachorro.

El personal del hospital también se unió al intento de detenerlo, pero el niño era demasiado rápido tenía experiencia. Una enfermera intentó bloquearle el paso, pero Ilay se deslizó por debajo de su brazo con la destreza de un pequeño zorro.

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora