"Yo te vi llorar, cuando nadie te miraba".
Mientras todo se desarrollaba en las agitadas calles del centro, uno de los guardias, consciente de la importancia del suceso, tomó la decisión de informar directamente a su jefe, Eros Blackfux. Sacó su teléfono, se apartó ligeramente de la escena y marcó el número.
—Señor Blackfux, aquí Daniel —comenzó el guardia con tono firme, pero era evidente que lo que tenía que decir lo inquietaba—. Necesito informarle de algo urgente.
Eros, quien aún estaba en su reunión con el proveedor, notó de inmediato la seriedad en la voz de su empleado. Se excusó brevemente de la sala y respondió con calma.
—Habla. ¿Qué ocurrió?
—Encontramos al niño, señor. Al pequeño que usted nos pidió investigar, lo hemos estado siguiendo y de todo lo que descubrimos no hay nada bueno en ello, señor.
El corazón de Eros dio un vuelco. Desde que había dado la orden de investigar al niño que había conocido en el restaurante, su mente no había podido dejar de pensar en él.
—¿Y? ¿Está bien? —preguntó, su tono endureciéndose, una mezcla de ansiedad y urgencia.
—No exactamente, señor. Se desmayó en la calle después de un incidente. Parece que está desnutrido y sufrió un episodio de estrés. La ambulancia ya está en camino, y lo llevaremos al hospital infantil más cercano.
Eros apretó la mandíbula, su mente trabajando rápidamente.
—Hay algo más que debo decirle, sus padres se cruzaron por casualidad con el niño, a hora están aquí.
—Mierda, voy para a ya.
Sin perder un segundo, Eros colgó y marcó a Arián, quien estaba en casa con Danilo.
—Cariño, necesito que vengas al hospital infantil ahora mismo —dijo Eros rápidamente, sin esperar siquiera a que Arián saludara.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó? —respondió Arián, alarmado.
—Es el niño, Arián. El pequeño del restaurante. Lo encontraron, pero no está bien. Está camino al hospital.
El silencio al otro lado de la línea fue breve, pero Eros supo que Arián estaba procesando la noticia.
Minutos después, ambos salían de la casa en dirección al hospital, mientras Eros también se dirigía al lugar desde su oficina. Ninguno de ellos sabía qué encontrarían al llegar, pero todos compartían un mismo sentimiento: la necesidad de proteger a ese niño a toda costa.
[.....]
El sonido de sus pasos resonaba suavemente en el pasillo del hospital infantil. Las paredes estaban decoradas con dibujos coloridos y caricaturas, creando un ambiente diseñado para calmar a los pequeños pacientes y sus familias. Pero para Arián y Eros, ese entorno cálido no lograba disipar la preocupación que les carcomía por dentro.
Ambos caminaban en silencio, sus cuerpos tensos y sus mentes invadidas por un torbellino de emociones. Sentían sus lobos interiores inquietos, agitados, como si una conexión invisible tirara de ellos, instándolos a llegar más rápido.
Una necesidad primitiva bullía en sus venas: encontrar al niño, protegerlo y cubrirlo con sus feromonas para que cualquier posible amenaza supiera que ya no estaba solo.
Cuando doblaron la esquina, los ojos de ambos se fijaron de inmediato en Margaret y Richard, los padres de Eros. Estaban sentados en las sillas de la sala de espera, abrazándose mutuamente con rostros sombríos.
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Vuelvo a Casa.
Hombres LoboHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
