Capítulo 40

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"Hoy golpeo mi puerta tanta alegría" 

Dos suaves golpes resonaron en la puerta, seguidos por una voz que pedía permiso para entrar. La habitación de Ilay se había transformado en un refugio cálido y acogedor, decorada con mantas suaves y juguetes que los recién nombrados abuelos, Richard y Margaret, habían enviado con amor. Sin embargo, la entrada estaba restringida; solo Arián y Eros podían permanecer allí debido al tratamiento especial de Ilay. La cercanía de ellos dos ayudaba significativamente en su recuperación, acelerando el proceso de sanación de formas que desconcertaban y fascinaban al personal médico.

La puerta se abrió lentamente, y el doctor entró con una amplia sonrisa en el rostro. Su expresión irradiaba confianza, y era evidente que traía noticias que todos deseaban escuchar.

El doctor se aclaró la garganta, preparándose para lo que iba a decir. Con un tono profesional pero cálido, comenzó a hablar:

—Como sabrán, el tratamiento ha ayudado mucho a Ilay. Su cuerpo se encuentra en mucho mejor estado. Sin embargo, aún hay algunos detalles importantes que debemos atender.

Hizo una breve pausa, asegurándose de que lo estuvieran siguiendo, y luego continuó:

—Uno de los temas principales es que Ilay necesita ganar peso. Su alimentación será clave para su recuperación y desarrollo. Ahora que su salud se está estabilizando, es crucial que comience a consumir una dieta balanceada y rica en nutrientes. Esto no solo ayudará a fortalecer su cuerpo, sino también a apoyar su crecimiento.

El médico dirigió una mirada comprensiva hacia Arián y Eros.

—Como pueden notar, Ilay no tiene la altura ni el peso promedio de un niño de su edad. Esto es preocupante porque indica un retraso en su desarrollo, no solo físico, sino posiblemente en otros aspectos. No quiero alarmarlos, pero esto requerirá tiempo, paciencia y seguimiento constante. Sin embargo —añadió con una sonrisa—, estoy seguro de que con el amor y los cuidados que ustedes le brindan, estos aspectos irán mejorando paso a paso.

Ilay frunció ligeramente el ceño al escuchar sobre su peso y su crecimiento, bajando la mirada hacia sus pequeñas manos. Arián, notando su reacción, le tomó suavemente la mano y le dio un apretón tranquilizador.

—Y ahora, la mejor noticia de todas —continuó el doctor, elevando el tono de su voz con entusiasmo—: Ilay será dado de alta mañana.

Arián y Eros se miraron con sorpresa y alivio. Una sonrisa se dibujó en sus rostros mientras el doctor concluía:

—Sé que este proceso ha sido largo y desafiante para ustedes tres. Pero al ver cómo Ilay se ha recuperado, no puedo evitar sentirme optimista. Aunque aún queda un camino por recorrer, por ahora, paso a paso es la mejor manera de avanzar.

Ilay levantó la vista al escuchar la palabra "alta", parpadeando varias veces, procesando lo que significaba y no sabia si eso lo alegraba o lo ponía triste.

A un que Ilay no lo admitiera en voz alta, el no quería irse de ahí, por primera vez en todos estos días que paso en el hospital se sintió querido y cuidado, claro no los conocía mucho pero dentro de el sentía que podía confiar en ellos.

—¿Eso quiere decir que... que puedo irme mañana? —preguntó, mirando al doctor con ojos llenos de esperanza.

—Así es, campeón —respondió el médico con una sonrisa—. Pero solo si prometes seguir comiendo bien y dejando que tus padres te cuiden mucho.

Ilay repitió la palabra en un murmullo casi inaudible, como si necesitara probar cómo sonaba en su propia voz:

—¿Padres?

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora