"Paso por paso"
Los padres de Eros habían llegado.
Margaret Miller de Blackfux entró primero, su elegante porte intacto a pesar de la preocupación que destellaba en sus ojos. Detrás de ella, Richard Oriol Blackfux caminaba con una expresión seria, su mandíbula tensa.
—Arián... —susurró Margaret apenas lo vio.
El joven omega no aguantó más.
Corrió hacia ella, y Margaret lo envolvió en un fuerte abrazo, sosteniéndolo como si fuera su propio hijo.
Arián rompió en llanto, aferrándose a la suave tela del abrigo de Margaret.
—Mi bebé... Ilay... —balbuceó entre sollozos.
—Shh, cariño... lo encontraremos —susurró ella, acariciándole el cabello con ternura—. Vamos a traerlo de vuelta. Te lo prometo.
Con una dulzura inesperada, Margaret le ofreció una taza de té caliente, su infusión especial, la misma que tomaba cuando sus nervios amenazaban con quebrarla. Arián temblaba tanto que apenas pudo sostener la taza, pero el gesto lo hizo sentir, aunque fuera un poco, menos solo.
Mientras tanto, Eros y su padre se retiraron a la oficina, cerrando la puerta tras ellos.
—¿Qué es lo que ha pasado exactamente? —preguntó Richard con voz firme.
Eros, con el ceño fruncido y los puños apretados, le explicó todo: desde la repentina desaparición de Ilay hasta las grabaciones de las cámaras de seguridad que aún no llegaban.
Richard escuchó cada palabra sin interrumpir, asintiendo lentamente, aunque sus ojos carmesí destellaban furia contenida.
El tiempo pasó.
Una hora después, un golpe seco resonó en la puerta principal.
Dos guardias irrumpieron con el rostro tenso, sus respiraciones agitadas.
—Señor Blackfux... —dijo uno de ellos, mirando a Eros y luego a Richard—. Tenemos noticias... buenas y malas.
Arián dejó caer la taza de té, que se estrelló contra el suelo en mil pedazos.
—¿Dónde está mi hijo? —exigió con la voz temblorosa, sus ojos brillando con un resplandor plateado, reflejo de su lobo interior desesperado por salir.
Eros se tensó.
—Hablen. Ahora.
El silencio en la habitación era sofocante.
El silencio que se formó tras las palabras de los guardias fue abrumador.
Arián sintió cómo su pecho se encogía, y su lobo interior gruñía con desesperación. La tensión en la habitación era tan densa que apenas se podía respirar.
Eros fue el primero en romper el silencio.
—Hablen —ordenó con la voz fría, sus colmillos apenas visibles bajo sus labios apretados.
El guardia tragó saliva y empezó a hablar con cautela.
—Revisamos todas las cámaras de seguridad disponibles —dijo—. Podemos confirmar que el niño... Ilay... se escapó por su cuenta.
Arián cerró los ojos por un momento, su corazón latía con fuerza. Ya lo sabían, pero escucharlo nuevamente le rompía el alma.
—Algunas cámaras lo captaron caminando por las calles con el cachorro —continuó el guardia—. Se le veía yendo en una dirección clara, pero hubo varios puntos donde las cámaras no pudieron seguirlo. A pesar de eso, logramos rastrearlo hasta cierto punto...
ESTÁS LEYENDO
Vuelvo a Casa.
LobisomemHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
