"Escucha el dulce TIC TAC"
Pasaron unos días, y con cada amanecer, Ilay mostraba signos de recuperación. Estaba estable, y su pequeño organismo estaba respondiendo bien a los cuidados que tanto Arián como Eros le habían brindado.
Una mañana, mientras Arián estaba sentado junto a su cama, cuidando de él como lo hacía cada día, sintió un movimiento leve. Un pequeño temblor en las manos de Ilay. Su corazón latió con fuerza.
El esperado día había llegado.
—¡Eros, ven rápido! —exclamó, levantándose de golpe.
Eros, que estaba en el pasillo revisando unos informes, entró de inmediato al escuchar el tono urgente en la voz de Arián. Juntos se acercaron a la cama de Ilay, quienes vieron cómo el pequeño movía sus manos con una suavidad que se sentía como un milagro.
De repente, con un impulso tan inesperado como poderoso, los ojos de Ilay se abrieron de golpe.
—¡Ilay! —exclamó Arián, con los ojos llenos de emoción y lágrimas.
Los ojos de Ilay eran grandes y brillaban con un reflejo frágil, pero vívido. Estaba despierto.
Eros se acercó con una sonrisa, su expresión iluminada de felicidad.
Arián, con manos temblorosas de emoción, presionó el botón al costado de la cama de Ilay para llamar al médico. Su mirada no se apartaba del niño, que, poco a poco, iba mostrando más señales de conciencia.
Ilay parpadeó varias veces, sus ojos luchaban por acostumbrarse a la luz suave que iluminaba la habitación. Intentó mover su cuerpo, pero una oleada de pesadez y dolor lo detuvo. Cada pequeño esfuerzo le hacía notar cuán débil estaba, y un leve quejido escapó de sus labios, estaba apunto de ponerse a llorar.
—Tranquilo, pequeño mio. No te esfuerces —susurró Arián, acercándose más y tomando su mano con extrema delicadeza—. Todo está bien, estás a salvo con nosotros.
Ilay giró los ojos lentamente, tratando de enfocar su mirada en la voz que le hablaba. Aunque no podía hablar, su expresión mostraba confusión y algo de miedo.
Pestañeó lentamente mientras trataba de ordenar los fragmentos de recuerdos que flotaban en su mente. Estaba desorientado, pero el fuerte olor a desinfectante y medicina que impregnaba el aire le hizo entender que estaba en un hospital.
Parpadeó de nuevo, esta vez logrando enfocar mejor su entorno. Las máquinas que emitían pequeños pitidos a su lado, las sábanas de color verdes manzana con pequeños dibujos de ositos y la luz tenue del cuarto lo confirmaban.
Su mente comenzó a retroceder, tratando de llenar los vacíos. Lo último que recordaba era el dolor. Recordó cómo lo habían golpeado, los rostros indiferentes de quienes lo habían herido, luego la cafetería... los señores.
"La señora y el señor... Me dieron de comer postres dulces," pensó. Por un breve momento, la imagen de un pastelito cubierto de crema y chocolate cruzó su memoria, y casi pudo sentir el sabor dulce en su boca.
Después de eso, el dolor en su estómago. El vacío. Y nada más.
Frunció ligeramente el ceño, todavía confuso. Alzó la mirada hacia las dos figuras junto a su cama. Los reconoció vagamente: uno de ellos tenía ojos intensos y lleno de preocupación, el otro una mirada cálida y de alivio . No sabía quiénes eran, pero algo en ellos le resultaba tranquilizador y familiar los reconocía de algún lado pero donde, aunque también le provocaba una extraña sensación de incertidumbre.
—¿Dónde estoy? —susurró con voz ronca, apenas audible.
Arián, al escuchar su débil intento de hablar, se inclinó rápidamente hacia él, sus ojos brillando de emoción.
—Estás en el hospital, cariño. Te trajimos aquí porque estabas herido, pero ahora estás mejorando.
Ilay lo miró fijamente, tratando de procesar sus palabras.
Tenía sueño todavía y sus ojos empezaron a cerrarse de nuevo, intento no dormirse y averiguar quienes eran, pero no duro mucho cuando callo dormido otra vez.
—Descansa, campeón. No te preocupes por nada ahora. Estamos aquí para ti.
El médico llegó en pocos minutos, acompañado de una enfermera. Revisó rápidamente los signos vitales de Ilay y notó los cambios en su conciencia.
—Es normal que se sienta débil —dijo el médico mientras ajustaba algunos parámetros en las máquinas conectadas al niño—. Su cuerpo está en proceso de recuperación. Lo importante es que ha despertado y que responde bien a los estímulos.
Arián y Eros asintieron, aliviados por el reporte del médico.
Después de hablar con el doctor y recibir la buena noticia de que Ilay estaba fuera de peligro, Eros y Arián sintieron un alivio inmenso. El médico les aseguró que el niño, aunque todavía débil, se encontraba estable y en unas cuantas horas despertaría con hambre, lo cual era un buen indicio de recuperación.
—Es mejor que descanse un poco más antes de que haya demasiadas emociones —sugirió el doctor con una sonrisa tranquilizadora antes de salir de la habitación.
Arián miró a Eros, quien asintió en un gesto de acuerdo.
—Debemos avisarle a tus padres —dijo Arián con suavidad, mientras acariciaba con cuidado la mano de Ilay.
Eros sacó su teléfono y llamó a Richard y Margaret. La conversación fue breve pero llena de alegría.
—¡Qué noticia maravillosa! —exclamó Margaret al escuchar que Ilay había despertado—. Richard y yo iremos tan pronto como podamos.
—No se preocupen, mamá —respondió Eros con una leve sonrisa, su tono de voz más relajado que en días—. Por ahora, todo está bajo control. Queríamos que lo supieran.
—Gracias por avisarnos, hijo —dijo Richard al tomar el teléfono de Margaret—. Nos vemos pronto. Cuídense y manténganos al tanto.
Al terminar la llamada, Eros guardó su teléfono en el bolsillo y se acercó a Arián, quien seguía sentado junto a la cama de Ilay.
—Mis padres están muy contentos. Vendrán pronto —dijo Eros, apoyando una mano en el hombro de su esposo.
Arián sonrió, pero no apartó la vista de Ilay. Sus ojos reflejaban tanto alivio como ternura.
—Eso será bueno para Ilay. Necesita ver que hay personas que realmente se preocupan por él.
Eros asintió, su mirada suave. Durante esos días de incertidumbre, ambos habían llegado a sentir un vínculo profundo con el niño. Aunque aún no sabían cómo manejarían todo legalmente, en sus corazones, ya lo consideraban parte de su familia.
Mientras esperaban la llegada de los padres de Eros, ambos se sentaron juntos al lado de Ilay, disfrutando de ese momento de paz. Por primera vez en mucho tiempo, sentían que las cosas estaban comenzando a mejorar.
[....]
:) Se viene los berrinches de ilay. jajaj
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Vuelvo a Casa.
VlkodlaciHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
