"Conociéndote a través de un papel"
Las primeras luces del día iluminaron la sala de espera del hospital. Eros abrió los ojos con pesadez, apoyado contra el hombro de Arián, quien, a pesar del cansancio, seguía despierto, observando por el ventanal hacia el cuarto donde descansaba Ilay. El murmullo del hospital les recordaba que el tiempo no se detiene, ni siquiera en los momentos más difíciles.
Una enfermera se acercó con pasos suaves, pero su voz los sobresaltó al hablar:
—Señores, buenos días. Quería informarles que el pequeño Ilay ha mostrado una leve mejoría durante la madrugada. Su estado sigue siendo delicado, pero ha respondido bien al tratamiento y sus signos vitales son más estables.
Arián sintió cómo su pecho se aliviaba, aunque el nudo en su garganta no desaparecía por completo. Eros, siempre más sereno en apariencia, asintió y agradeció con una inclinación de cabeza.
—¿Podemos entrar a verlo? —preguntó Arián, incapaz de ocultar la ansiedad en su voz.
La enfermera lo miró con una sonrisa tranquila, aunque negó suavemente.
—Todavía no. Pero si sigue evolucionando así, quizás en unas horas les permita entrar brevemente. Mientras tanto, les recomiendo descansar un poco y comer algo. Han estado aquí toda la noche.
Arián frunció el ceño, pero Eros tomó su mano y lo miró con firmeza.
—Tiene razón, Arián. No ayudaremos mucho si estamos agotados. Vamos por algo de comida y regresamos, ademas el informe a llegado.
Arián dudó un momento, pero finalmente asintió. Antes de salir de la sala, volvió la vista hacia el pequeño cuerpo conectado a los monitores. Sus instintos y su corazón lo mantenían atado a ese niño, un vínculo que no podía explicar pero que sabía que debía proteger a toda costa.
Mientras caminaban por los pasillos hacia la cafetería del hospital, Eros rompió el silencio:
—¿Te has dado cuenta de cómo nuestras vidas han cambiado en tan solo un día? —preguntó, su tono reflexivo.
Arián lo miró y asintió.
—Es increíble. Ayer todo parecía tan normal, y ahora no puedo pensar en nada más que en el pequeño bebe que esta en esa pequeña y diminuta cama del hospital. Es como si mi lobo lo hubiera reconocido desde el primer momento.
Eros apretó ligeramente la mano de Arián.
—Yo siento lo mismo. Hay algo en él que no puedo ignorar. No sé qué significa todo esto, pero estoy seguro de que no es una coincidencia que esté en nuestras vidas ahora.
Ambos compartieron un momento de silencio mientras continuaban caminando. Sabían que el día apenas comenzaba, pero también que harían todo lo posible por ayudar al pequeño que, sin esperarlo, había tocado sus corazones.
Mientras Arián y Eros se sentaban en una de las mesas de la cafetería del hospital, el ambiente se sentía más tranquilo, aunque la ansiedad por lo que habían vivido seguía presente. La comida que les sirvieron olía delicioso, y Eros intentó que Arián comiera algo para recuperar energías.
—Al menos la comida aquí es buena, no como en otros lugares donde parece que no les importa quién la coma —comentó Eros, intentando aliviar la tensión en el aire.
Arián apenas probó un bocado. Su mirada estaba perdida, claramente enfocado en el pequeño niño que ahora dormía a pocos pasillos de ellos.
—Arián —dijo Eros con suavidad, tomando la mano de su esposo—, como te mencioné antes, recibí el informe sobre el pequeño ayer por la noche. Con todo lo que sucedió, no he tenido tiempo de revisarlo. Pero creo que deberíamos leerlo juntos ahora. Quizás eso nos dé más claridad sobre su situación y podamos entender cómo ayudarlo mejor.
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Vuelvo a Casa.
Manusia SerigalaHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
