"Milagros del corazón"
Eros dejó su taza de café sobre la mesa con un suave "clic" y miró a Arián, sus ojos oscuros llenos de determinación.
—Lo sé, Arián. Tienes toda la razón. Esos... monstruos —dijo, casi escupiendo la palabra— podrían intentar venir aquí y demandarnos. Legalmente, ellos tienen la tutela. Si deciden hacernos la vida imposible, tendrían todas las herramientas para hacerlo.
Arián apretó los labios, claramente preocupado.
—Eso es lo que me aterra, Eros. Porque nosotros no somos nada de él, al menos, no todavía. Aunque lo cuidemos, aunque hagamos todo por él, ante la ley ellos siguen teniendo el control.
Eros asintió lentamente, apoyándose en la mesa para acercarse más a su esposo.
—Por eso tenemos que ser inteligentes en esto. Si queremos proteger a Ilay, debemos asegurarnos de que ellos no tengan ninguna base para reclamar nada. Necesitamos pruebas contundentes de que lo han maltratado y abandonado.
—¿Cómo planeas conseguirlas? —preguntó Arián, sus dedos jugueteando nerviosamente con la cucharilla en su taza.
—He comenzado a mover contactos. Nuestros investigadores ya están trabajando en el caso. Sé que hay testigos: vecinos, profesores... alguien debe haber notado algo. Además, si conseguimos acceso al historial médico o académico de Ilay, podríamos encontrar evidencia de negligencia.
Arián lo miró fijamente, notando la intensidad en la voz de Eros.
—¿Y si ellos vienen antes de que tengamos algo sólido? ¿Y si simplemente se aparecen aquí y lo reclaman?
—No lo permitiré —respondió Eros con una calma peligrosa—. No dejaré que Ilay vuelva a ese infierno. Si es necesario, hablaremos con ellos directamente. Podríamos negociar.
—¿Negociar? ¿Quieres pagarles? —Arián levantó una ceja, claramente incómodo con la idea.
—Si eso significa que ceden la custodia, sí —dijo Eros sin titubear—. Sé que no es lo ideal, Arián, pero no voy a poner en riesgo su seguridad por orgullo.
Arián suspiró, dejando la cuchara sobre la mesa.
—No me gusta, pero entiendo tu punto. Haremos lo que sea necesario para protegerlo. Pero, Eros, quiero que intentemos primero por la vía legal. Hay que agotar todos los recursos antes de tomar decisiones tan drásticas.
Eros asintió, su expresión suavizándose un poco.
—Lo prometo, Arián. Haremos las cosas bien, pero no descansaré hasta asegurarme de que Ilay esté a salvo con nosotros.
Arián tomó la mano de Eros, apretándola con fuerza.
—No estás solo en esto, Eros. Lo haremos juntos.
Eros sonrió levemente y, por primera vez en todo el día, ambos sintieron un pequeño rayo de esperanza entre la tormenta que los envolvía.
Cuando regresaron a la sala donde Ilay permanecía conectado a los monitores, todo parecía estar en calma. El leve pitido de los aparatos llenaba el ambiente, y el pequeño seguía dormido, con su respiración apenas perceptible bajo el peso de su cansado cuerpo. Sus pequeños brazos se veían delgados, casi transparentes bajo la luz estéril de la sala. Arián se sentó en una silla cerca del vidrio, observando al niño con atención y ternura.
De repente, el sonido del celular de Eros rompió el silencio. Sacó el dispositivo de su bolsillo y miró la pantalla; era su asistente personal. Probablemente algo relacionado con un proyecto importante que estaba en marcha.
—Debo atender esto —murmuró Eros, mirando a Arián.
Este asintió de inmediato, sin apartar los ojos de Ilay.
—Ve. Yo me quedo aquí con él.
ESTÁS LEYENDO
Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
