Y Dibujando Me Olvido Del Silencio.
En otro lado, un visitante inesperado llegaba a casa de Arían, con una energía abrasadora.
Danilo dejó de lado su actitud energética al instante al notar la expresión sombría de Arián. Era raro ver a su amigo en ese estado; normalmente, Arián siempre encontraba algo con lo que rebatirle sus bromas. Se acomodó en el sofá frente a él, con los ojos llenos de curiosidad y preocupación.
—Ari, dime la verdad. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan apagado? —preguntó Danilo, esta vez en un tono mucho más serio.
Arián suspiró profundamente, mirando hacia la mesa de café como si buscara las palabras correctas para explicar lo que sentía. No sabía por dónde empezar. Todo lo que había ocurrido en el restaurante la noche anterior aún lo tenía alterado.
—No sé, Danilo... es complicado —dijo finalmente, frotándose las manos como si intentara calmarse. Su mirada se perdió por un momento antes de que continuara—. Ayer... Eros y yo vimos algo, o más bien alguien.
Danilo arqueó una ceja, intrigado.
—¿"Alguien"? ¿De qué estás hablando?
—Un niño —respondió Arián, con la voz más baja de lo habitual—. Fue en ese restaurante que me recomendaste. Todo pasó muy rápido, pero... no puedo sacarlo de mi mente.
Danilo se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.
—Espera, ¿qué tiene de especial este niño? ¿Qué pasó exactamente? por que de verdad no te entiendo ni un poco.
Arián lo miró por fin, con los ojos brillando con algo que Danilo no supo identificar de inmediato: una mezcla de tristeza, confusión y algo más profundo.
—Estaba tratando de robarle al gerente del restaurante, era un calvo que no me agrado para nada, pero no quise ser maleducado así que entablamos un conversación y de repente todo se volvió un caos. Un reloj, creo. Era tan pequeño, Danilo... tan frágil, era una bebe, sentí el impulso y la necesidad de protegerlo como algo que era mío. Y cuando nuestras miradas se cruzaron... —Arián se detuvo, tragando saliva—. Sentí algo que no puedo explicar. Como si lo conociera, como si estuviera conectado a él de alguna manera.
Danilo frunció el ceño, confundido.
—¿Conectado? ¿En qué sentido?
Arián negó con la cabeza, frustrado consigo mismo por no encontrar las palabras correctas.
—Es como si mi lobo lo reconociera como suyo. Desde ese momento no he podido dejar de pensar en él. Anoche no dormí nada; siento este dolor en el pecho, esta urgencia de encontrarlo. Es como si estuviera... incompleto.
Danilo observó a su amigo en silencio durante unos segundos, procesando lo que acababa de escuchar. Finalmente, se recostó en el sofá y suspiró.
—Bueno, eso suena intenso, incluso para ti, Ari. ¿Qué opina Eros de todo esto?
—Está igual que yo, aunque no lo admite del todo. Sé que también lo siente. Esta mañana, cuando lo vi salir a la reunión, supe que algo lo estaba atormentando.
Danilo asintió lentamente, cruzándose de brazos.
—Entonces, ¿qué van a hacer? No puedes quedarte aquí sentado esperando que esto desaparezca, porque claramente no lo hará.
Arián asintió, sintiéndose un poco más aliviado al compartir su carga con su amigo.
—Eros ya ordenó una investigación. Quiere saber quién era ese niño, de dónde viene, por qué estaba en esa situación. Pero mientras tanto... no sé, Danilo. Solo sé que tengo que encontrarlo.
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Vuelvo a Casa.
Hombres LoboHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
