"Si nacemos tontos, tontos seremos"
El trayecto fue lento y lleno de dudas. Cada paso lo hacía cuestionarse si estaba tomando la decisión correcta, pero cada vez que pensaba en la amenaza de Bárbara, apretaba los dientes y seguía avanzando. Finalmente, llegó a un viejo edificio con paredes llenas de grafitis y ventanas rotas. Las luces parpadeantes y el olor a humedad le recordaron que estaba en territorio ajeno.
John golpeó la puerta metálica con fuerza. No pasó mucho tiempo antes de que se abriera un pequeño panel en la parte superior, revelando unos ojos fríos y calculadores.
—¿Qué quieres? —preguntó una voz áspera desde el otro lado.
—Necesito hablar con él —respondió John, tragando saliva.
—¿Con quién? —replicó la voz, burlona.
—Con quien sea que esté a cargo. Tengo un asunto... urgente.
El hombre detrás del panel lo miró de arriba abajo, evaluándolo. Después de unos segundos, cerró el panel de golpe y, con un sonido metálico, la puerta se abrió.
—Pasa —dijo con tono seco, apartándose para dejarlo entrar.
John sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras cruzaba el umbral. Sabía que estaba entrando en un mundo peligroso, pero si esto lo llevaba hasta Ilay, estaba dispuesto a correr el riesgo. Lo que no sabía era que, al hacerlo, estaba desatando una cadena de eventos que cambiarían su vida para siempre y no solo la de el.
John se quedó quieto en la entrada, sintiendo cómo el frío del lugar se colaba en sus huesos. El aire tenía un olor agrio, una mezcla de humedad, tabaco y algo que no lograba identificar, pero que le revolvía el estómago.
Dio un paso atrás instintivamente, pero antes de poder reaccionar, un hombre corpulento salió de las sombras.
El tipo era intimidante, con tatuajes que cubrían sus brazos musculosos y una expresión severa que no dejaba espacio para bromas. Su presencia llenaba la habitación, y John sintió el peso de su mirada. El olor a alfa era abrumador, un aroma tan fuerte y áspero que hacía que John, un beta, sintiera ganas de vomitar.
—Miren quién volvió... —dijo el alfa, con una sonrisa burlona que no alcanzaba sus ojos—. Si estás aquí, supongo que traes mi dinero, ¿no?
John tragó saliva, nervioso, y dio un paso adelante, tratando de mantener la compostura.
—No... no exactamente —respondió con la voz temblorosa—. Estoy aquí porque necesito ayuda.
El alfa levantó una ceja, cruzando los brazos sobre su pecho.
—¿Ayuda? —dijo, dejando escapar una risa seca—. No me digas que tienes las agallas de venir aquí, sin mi dinero, y además pedirme un favor.
—Es importante, ¿vale? —insistió John, tratando de sonar más seguro de lo que se sentía—. Necesito encontrar a alguien. Un niño.
El alfa lo miró en silencio durante unos segundos, evaluándolo. Luego dio un paso más cerca, inclinándose ligeramente hacia John, lo suficiente como para que su presencia resultara aún más intimidante.
—¿Y por qué debería ayudarte? —preguntó, con un tono gélido que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de John—. Estás en deuda conmigo, beta. Me debes más dinero del que podrías reunir en toda tu patética vida. ¿Qué te hace pensar que me importa un maldito niño?
John apretó los puños, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Si me ayudas a encontrarlo... —empezó, buscando desesperadamente una oferta que pudiera interesar al alfa—. Te prometo que recuperarás todo tu dinero. Incluso con intereses.
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Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
