Mi amor te soñó en tanto sueños ... estas aquí
Horas antes del suceso.
Ilay caminaba en silencio, con los hombros tensos y los ojos atentos a cada movimiento de esas dos personas que lo llevaban hacia una mesa reservada en el rincón de la cafetería. La desconfianza era palpable en cada paso, pero el hambre y el agotamiento superaban cualquier resistencia que pudiera oponer.
La cafetería tenía un aire cálido y acogedor, el aroma del café recién hecho y los pasteles inundaban el lugar, pero Ilay no podía concentrarse en nada de eso. Sus ojos seguían evaluando a los desconocidos que lo habían invitado, sin bajar la guardia.
Cuando llegaron a la mesa, las sillas altas se convirtieron en un nuevo obstáculo. Por su pequeña estatura, era imposible subir por sí mismo. Estaba a punto de intentar trepar cuando el hombre de cabello negro y ojos grises, con un movimiento tranquilo, lo alzó con facilidad y lo sentó en la silla.
—No pesas nada, igual que una pluma —comentó el hombre en voz baja, casi para sí mismo, mientras observaba al niño con una mezcla de curiosidad y preocupación, desde lejos se veía muy mal .
Ilay lo miró con el ceño fruncido, incómodo ante el gesto y el comentario. No estaba acostumbrado a que alguien lo tocara.
—Gracias... supongo —murmuró, desviando la mirada hacia la mesa.
La mujer que los acompañaba sonrió suavemente y se sentó frente a Ilay debían ganar un poco de confianza para que el pequeño les cuente que le a sucedido. Su mirada era amable, pero no lo suficientemente reconfortante como para que él bajara la guardia.
—Puedes pedir lo que quieras —dijo ella, empujando suavemente el menú hacia él—. Estás aquí como nuestro invitado especial.
Ilay dudó, sus dedos tamborileando nerviosamente sobre la superficie de la mesa. Sabía que esto no era gratis. Nada en su vida lo había sido, y no esperaba que esta ocasión fuera diferente.
—¿Por qué me trajeron aquí? —preguntó, directo, sin rodeos.
El hombre de ojos grises intercambió una mirada rápida con la mujer antes de responder.
—Porque queremos saber más sobre ti y poder ayudarte.
Se esforzó por mantener una expresión neutral, pero sus ojos estaban llenos de alerta.
—No sé qué esperan de mí, pero no tengo nada que darles —dijo con voz firme, aunque su estómago gruñendo lo traicionó en el acto.
La mujer rió suavemente.
—No necesitas darnos nada pequeño, solo si quieres como un poco y nos cuentas por que estas así, solo queremos ayudarte.
Ilay no respondió de inmediato, su mirada bajó al menú. Podía sentir el hambre apoderándose de él, pero su mente seguía trabajando rápidamente, tratando de descifrar las verdaderas intenciones de esos dos extraños.
Finalmente, señaló con timidez un pastelito y un vaso de leche caliente. Aunque su exterior intentaba aparentar seguridad, por dentro estaba luchando con la mezcla de hambre, miedo y una confusión que no lograba entender.
Mientras el pedido llegaba, los desconocidos no dejaron de observarlo, cada uno con pensamientos diferentes, pero ambos conectados por la misma idea: ese niño necesitaba algo más que un simple pastel.
Ilay permanecía en completo silencio, su pequeño cuerpo encorvado ligeramente sobre la mesa, como si intentara hacerse aún más pequeño. Mantenía su mochila firmemente en su regazo, asegurándose de que nadie pudiera acercarse demasiado a ella. Dentro, Inti permanecía quieto, probablemente dormido, pero Ilay no se relajaba ni un instante.
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Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
