"Desde que te vi, supe que eras solo para mi".
Mientras esperaban sentados en las sillas del pasillo, el ambiente era tenso y pesado. Arián tamborileaba nerviosamente con los dedos sobre su pierna, mientras Eros miraba al suelo, perdido en sus pensamientos. Margaret y Richard estaban sentados frente a ellos, compartiendo miradas de preocupación.
De repente, uno de los guardias de seguridad, Daniel, apareció acercándose con pasos firmes pero respetuosos. En sus manos llevaba la mochila desgastada que Ilay siempre cargaba consigo.
—Disculpen la interrupción —dijo con voz grave pero calmada, inclinando ligeramente la cabeza—. Creo que esto le pertenece al pequeño.
Todos levantaron la vista al mismo tiempo, y Arián fue el primero en reaccionar. Se levantó de golpe y tomó la mochila entre sus manos con cuidado, como si fuera un objeto frágil y preciado.
—Gracias, Daniel —respondió con un tono apenas audible, sus dedos acariciando la tela vieja y manchada.
Eros también se acercó y miró la mochila con detenimiento. Parecía pesada, y aunque estaba algo desgastada, se notaba que era un objeto importante para Ilay.
—¿Dónde la encontraste? —preguntó Eros, mirando a Daniel con seriedad.
—Estaba en la camioneta, señor. Al parecer, el pequeño la dejó caer en medio de todo el caos. Pensé que era mejor entregársela a ustedes, considerando que no sabemos qué cosas importantes podría tener dentro.
Arián abrió la mochila con cuidado, pero cuando metió la mano para revisar, algo dentro de ella se movió. Dio un respingo, sorprendido, y apretó la mochila con ambas manos, temiendo que algo pudiera salir de ahí.
—¿Qué fue eso? —preguntó Eros, al notar la reacción de su esposo.
Antes de que Arián pudiera responder, una diminuta cabeza peluda asomó por la abertura de la mochila. Era un pequeño cachorro de ojos brillantes y orejas puntiagudas, que miraba a todos con curiosidad y un ligero aire de desconcierto.
—¡Oh, por la luna! —exclamó Arián, dando un paso atrás por la sorpresa, casi dejando caer la mochila.
El cachorro ladeó la cabeza y dejó escapar un suave ladrido, como si estuviera pidiendo explicaciones por todo el alboroto. Sus pequeñas patas intentaban salir de la mochila, pero parecía demasiado cómodo como para hacer un esfuerzo real.
—Es... un perro —dijo Arián, mirando al cachorro con los ojos muy abiertos.
Eros se acercó para observarlo mejor y dejó escapar una ligera risa.
—Así que este es su compañero. Parece que no iba a ningún lado sin él.
Arián, todavía sosteniendo la mochila, dejó que el perrito saliera por completo. Era un cachorro pequeño, con un pelaje blanco y gris que lo hacía parecer una bolita de nieve. Cuando tocó el suelo, comenzó a olfatear alrededor, moviendo su cola con entusiasmo.
—¿Cómo es que nadie notó esto antes? —preguntó Arián, cruzándose de brazos pero con una sonrisa divertida en el rostro.
—Tal vez se mantuvo escondido todo este tiempo —respondió Eros, arrodillándose para acariciar al cachorro, quien de inmediato comenzó a lamerle los dedos.
—Nosotros ya sabíamos de él, este amigo peludo hizo un pequeño alboroto en la cafetería.
Arián miró al pequeño animal y sintió cómo su corazón se enternecía aún más.
—Él también debe haber estado sufriendo... —murmuró, pensando en cómo Ilay probablemente compartía lo poco que tenía con su mascota.
Margaret asintió, observando al cachorro con cariño.
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Vuelvo a Casa.
Hombres LoboHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
